Manuel Leandro / @manueleandros / @pocoalegreto_
Manolito, porque no se le puede llamar de otra forma, es una de las voces más prolíficas de la trova cubana actual. Es joven, pero lleva ya unos 15 años haciendo música, por lo cual sus amigos y oyentes percibimos que han pasado muchas vidas.
Y sí, desde cualquier rincón de Holguín, Manolito nos ha acompañado en muchas vidas, muchos cambios y muchas soledades. Su lírica y su guitarra lo distinguen, no hay dudas. Es por eso que, cuando hace dos años salió su disco *Mortal*, con los temas que siempre he nombrado “clásicos”, fue un logro no solo para él, sino para todos aquellos que hemos tenido esos clásicos como banda sonora de nuestra ciudad.
Un disco puede parecer un gran hito, y lo es. Pero en Cuba, los grandes hitos no siempre se traducen en grandes remuneraciones. Y cantar no siempre resulta rentable.
Todo se complica si no vives en La Habana. Es difícil acceder a los medios nacionales como la televisión, revistas y radio. También hay una gran diferencia en la cantidad de lugares donde se puede tocar en vivo, sin importar el género musical.
“En general, avanzar desde una provincia es muy difícil: las oportunidades, los proyectos y las opciones de desarrollo suelen concentrarse en La Habana. Y no todos tienen los medios o la posibilidad de mudarse definitivamente para probar suerte. Es loco, pero salvo algunas excepciones, si no tienes una presencia activa en La Habana, es como si no existieras como artista”.
Aunque ha pensado muchas veces en mudarse de Holguín, cita a Jorge Drexler cuando dice que la vida es más compleja de lo que parece. Mientras tanto, intenta encontrar soluciones en su entorno y viaja para compartir su música en otros lugares siempre que tiene la oportunidad.
Una de las opciones para llegar a sobrevivir como músico es tocar en eventos o locales privados. Muchas veces, sobre todo en ciudades pequeñas o con una discreta vida cultural, esos espacios no existen y entonces se produce cierta apatía hacia una música que sea diferente: “no solo con la trova. Hay un desinterés general por escuchar o apoyar cualquier expresión artística diferente”.
“Adaptar el repertorio puede ser una opción para generar algún ingreso extra, pero no es una solución real”. Manuel prefiere “otras formas de generar ingresos” para poder seguir haciendo lo que ama y “elegir bien los lugares donde tocar y aprender a promocionar el trabajo para llegar a quienes sí están buscando un sonido nuevo”.
Es aquí donde entran también plataformas digitales, como Bandcamp o YouTube, que permiten promover y, a la vez, monetizar los productos artísticos. Manolito reconoce Bandcamp como “una plataforma muy interesante, sobre todo porque es justa: te da mucha libertad para distribuir tu música. Además, es una buena vía para generar ingresos”.
Por otra parte, “YouTube es imprescindible hoy para compartir música: tanto los videos y shorts como el contenido en YouTube Music”. Es precisamente YouTube una de las alternativas que ha encontrado Manolito para, aun desde la música, lograr cierta estabilidad económica estando en la isla.
En su canal Poco Alegreto, que cuenta con casi 5 mil suscriptores, habla sobre música, comparte contenido especializado sobre artistas de distintas índoles y analiza productos desde su experticia. En principio, creó el canal de YouTube bajo su nombre “para compartir algunos materiales que tenía con Producciones Naufragio”.
A inicios del año pasado, comenzó una serie de shorts recomendando canciones, que poco a poco funcionó. Entonces cambió su nombre a Poco Alegreto y se animó a realizar “videos más largos sobre curiosidades, análisis y reacciones a bandas y artistas”.
Recientemente abrió un canal paralelo, dedicado exclusivamente a su música, para “poder llevar ambos contenidos por caminos separados”. El canal le funciona tanto como herramienta de difusión como fuente de ingresos. “A medida que el canal crece, se vuelve una herramienta de comunicación más efectiva”.
También le ha traído “la posibilidad de hacer colaboraciones y monetizar el contenido a través de los anuncios”. Pero las redes y plataformas no compensan la falta de oportunidades presenciales, de cara al público; “son un complemento imprescindible para los músicos hoy, pero no sustituyen el concierto en vivo”.
En Cuba, además, “siguen existiendo muchas limitaciones y desconocimiento sobre ese mundo, y no se consume música online de forma masiva”. “Las redes son una herramienta poderosa para crear comunidad y llegar a nuevas fronteras, pero no son suficientes. No solo por una cuestión económica, sino también por la necesidad emocional de conectar con otras personas a través de la música”.
¿Cómo logra sobrevivir sin dejar de cantar? Actuando sin esperar a que alguna institución resuelva los problemas y, sobre todo, siendo creativo no solo para generar oportunidades para su música, sino también para encontrar nuevas formas de llegar a los oídos correctos.
No es el fin…
Vivir en Cuba no es fácil. Nos torna pesimistas, nos agota. A veces no sabemos qué hacer o a dónde mirar para ver lo hermoso, pero es con gente como María Laura, como Ede y Mario, como José, como Ana, como Adrián y como Manolito que uno sabe que no es el fin, al menos para nosotros.