Cultura Cubana, Albacete

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Albacete celebra la cultura cubana con cinco días dedicados a Pablo Milanés y Baracoa

Del 16 al 20 de octubre, Albacete volverá a convertirse en punto de encuentro para la cultura cubana en España. La Asociación Cultural Amigos de Cuba de Albacete ha publicado el programa completo de la XVIII Jornada por la Cultura Cubana, una edición que estará dedicada a dos referentes muy diferentes pero profundamente ligados a la identidad de la Isla: el cantautor Pablo Milanés y la ciudad de Baracoa.

Durante cinco días, diferentes espacios de la ciudad acogerán actividades relacionadas con la música, el baile, el cine, la literatura y el patrimonio cubano. La programación combina celebración y memoria, pero también propone acercar al público español a una Cuba diversa que va mucho más allá de las imágenes más reconocibles del país.

Uno de los momentos centrales llegará el lunes 19 de octubre a las 19:00 horas, cuando el Centro Sociocultural José Oliva acoja un homenaje a Pablo Milanés con la proyección del documental Para vivir: el implacable tiempo de Pablo Milanés. Tras la película tendrá lugar un conversatorio en el que está anunciada la participación de Lien Milanés, hija del cantautor cubano.

El documental, dirigido por Fabien Pisani, se acerca a Pablo Milanés desde una perspectiva personal y artística, recorriendo especialmente los últimos años de su vida y recuperando imágenes, testimonios y reflexiones del músico. La actividad permitirá volver sobre la obra de una figura esencial para comprender la Nueva Trova y buena parte de la canción cubana contemporánea.

Pero Pablo Milanés será solamente uno de los ejes de esta edición. La otra gran protagonista será Baracoa, la primera villa fundada por los españoles en Cuba, que contará el 19 de octubre con una jornada específica de intercambio de música, fotografías y materiales audiovisuales. La propuesta busca acercar al público a la historia y la identidad de esta ciudad del oriente cubano.

La Jornada comenzará el viernes 16 con la apertura en el Centro Comercial Imaginalia de la exposición Cuba, más que un destino: un mosaico de identidades. La muestra está formada por 17 paneles dedicados a las 15 provincias cubanas, el municipio especial Isla de la Juventud y una introducción general, proponiendo un recorrido por la diversidad cultural, patrimonial y territorial del país.

Ese mismo día, el baile tomará protagonismo con una Rueda de Casino abierta al público y posteriormente con el concierto y baile social Estamos en Salsa. El sábado 17 continuará la programación con la XIV Master Dance de Bailes y Ritmos, actividades infantiles, promoción turística de Cuba y la presentación de la novela No fue dios culpable, de Ricardo Salmerón.

La noche del sábado tendrá además uno de los principales encuentros públicos de la edición: el acto cultural por el Día de la Cultura Cubana, que reconocerá a la actriz Coralia Rodríguez y contará con distintas actuaciones musicales y danzarias. Entre los participantes anunciados aparecen la compañía Los Guaracheros, Raiza Valladares, Latin Sound, la Rueda de Casino Amigos de Cuba y Héctor Navarrete.

El domingo 18 continuará el recorrido por las tradiciones de la Isla con una masterclass gratuita de folclore campesino cubano, seguida de una comida de convivencia y un tardeo cubano. Finalmente, el martes 20 fecha en que Cuba celebra oficialmente el Día de la Cultura Cubana la programación concluirá con Cuba se Comparte, una jornada de intercambio digital de historias, música y contenidos culturales.

La XVIII Jornada vuelve así a utilizar la cultura como espacio de encuentro entre Cuba y España. Organizada por una asociación que trabaja en Castilla-La Mancha por la difusión de la cultura cubana y la convivencia de la comunidad migrante, la cita permite que tradiciones, figuras históricas y expresiones contemporáneas de la Isla encuentren nuevos espacios fuera de sus fronteras.

Y este año, entre una rueda de casino, una película, una canción de Pablo Milanés o una historia llegada desde Baracoa, Albacete volverá a tener durante cinco días un pequeño pedazo de Cuba

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Cucurucho Valdés

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Cómo se hereda un piano: Cucurucho Valdés lleva el legado de Bebo a Jazz Palencia

El legado de Bebo Valdés volverá a sonar en España, esta vez desde Palencia. El pianista cubano Roberto Carlos “Cucurucho” Valdés, nieto de una de las figuras fundamentales de la música cubana, cerrará junto al contrabajista español Javier Colina la XIII edición del Festival Internacional Jazz Palencia con Para Bebo, un proyecto construido alrededor de la memoria, la música y la relación entre generaciones.

Ahí se encuentra uno de los elementos más interesantes de Para Bebo: ¿cómo se hereda el legado de un músico como Bebo Valdés sin limitarse a imitarlo?

En el caso de Cucurucho, esa pregunta adquiere una dimensión especialmente personal. No se trata únicamente de interpretar la obra de una figura esencial de la música cubana, sino de acercarse al repertorio de su propio abuelo desde una identidad artística construida por una generación diferente. La tradición se convierte así en un punto de partida, no en una frontera.

Bebo Valdés dejó una huella fundamental como pianista, compositor y arreglista, y su música ayudó a construir algunos de los caminos por los que posteriormente transitaría el jazz cubano. Para Bebo coloca esa memoria en el presente, permitiendo que las composiciones vuelvan a transformarse a través de otros intérpretes y otros escenarios.

El proyecto ha superado ya los 150 conciertos en diferentes ciudades de España y Europa, demostrando que este diálogo entre memoria y presente ha encontrado también un público más allá de Cuba. En Palencia, la incorporación de Inor Sotolongo a la percusión reforzará además el componente rítmico cubano del encuentro.

La actuación adquiere otra dimensión por el lugar que ocupa dentro del festival. Jazz Palencia se ha consolidado durante trece ediciones como una de las citas del género en España y este año reunirá nombres como Kurt Elling junto a The Yellowjackets, Michel Camilo y Billy Cobham. Que el cierre esté dedicado a Bebo Valdés coloca nuevamente a la música cubana dentro de un escenario internacional y, además, fuera de los circuitos habituales de Madrid y Barcelona.

Las entradas individuales para el concierto saldrán a la venta el 9 de octubre, mientras que los abonos del festival ya están disponibles.

El 21 de noviembre, cuando Cucurucho Valdés se siente frente al piano en Palencia, no estará simplemente interpretando canciones de su abuelo. Para Bebo propone algo más complejo y quizás más valioso: demostrar que un legado musical permanece vivo precisamente cuando una nueva generación se atreve a hacerlo suyo.

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Hispanidad 2026 en Madrid

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Tres artistas cubanos y una voz de raíces cubanas llegan a Hispanidad 2026 en Madrid

Madrid se prepara para recibir una nueva edición de Hispanidad, que se celebrará del 2 al 12 de octubre de 2026 con más de 200 actividades gratuitas. Entre los nombres anunciados figuran tres artistas cubanos de proyección internacional, Aymée Nuviola, Cimafunk y Arturo Sandoval, junto a Xenia Rubinos, cantante y compositora estadounidense de padre cubano y madre puertorriqueña. Cuatro propuestas que permitirán escuchar diferentes expresiones de la música cubana y de su influencia en la creación contemporánea.

La programación reunirá música, danza, teatro, cine, literatura y otras manifestaciones culturales en distintos espacios de la Comunidad de Madrid. En esta edición, Estados Unidos será el país invitado, mientras que escenarios emblemáticos como la Puerta del Sol y la Plaza Mayor acogerán conciertos abiertos al público. La presencia de estos cuatro artistas ofrece una oportunidad para acercarse a la diversidad de lenguajes musicales que han surgido de Cuba y de las comunidades vinculadas culturalmente con la Isla. 
El 9 de octubre, a las 21:30 horas, Xenia Rubinos actuará en la Plaza Mayor. Nacida en Estados Unidos, la artista ha desarrollado una propuesta musical que combina diferentes influencias y explora su herencia familiar puertorriqueña y cubana. Su presencia en Hispanidad permite ampliar la mirada hacia las nuevas generaciones de creadores que, desde otros territorios, mantienen un diálogo artístico con sus raíces caribeñas. 
Un día después, el 10 de octubre a las 21:00 horas, la Plaza Mayor recibirá a Arturo Sandoval. El trompetista cubano, reconocido internacionalmente por su trayectoria en el jazz, ha construido una obra en la que conviven la improvisación, la música clásica y las sonoridades afrocubanas. Su participación representa la presencia de una generación de músicos que contribuyó a llevar el jazz cubano a escenarios de todo el mundo. 
La jornada del 11 de octubre tendrá una marcada presencia cubana en la Puerta del Sol. A las 19:00 horas actuará Aymée Nuviola, cantante, compositora y actriz cuya carrera ha conectado la música popular cubana con el jazz y otros géneros latinoamericanos. Conocida como «La Sonera del Mundo», su propuesta mantiene un vínculo estrecho con el son y las tradiciones musicales de la Isla.

Ese mismo día, a las 21:00 horas, Cimafunk y La Tribu llevarán al escenario una propuesta que combina ritmos afrocubanos, funk, afrobeat y otras influencias contemporáneas. Su música muestra cómo las tradiciones de la Isla pueden dialogar con géneros internacionales y encontrar nuevas formas de expresión sin perder su identidad. 
La coincidencia de estos cuatro conciertos en apenas tres días permite observar la diversidad de caminos que puede recorrer una misma herencia cultural. Desde el son de Aymée Nuviola y el jazz de Arturo Sandoval hasta la fusión de Cimafunk y la experimentación de Xenia Rubinos, la programación presenta distintas maneras de relacionarse con la música cubana, tanto desde la Isla como desde las experiencias artísticas de quienes tienen raíces familiares en ella.
Para la comunidad cubana residente en España, Hispanidad 2026 será también una ocasión para reencontrarse con sonidos que forman parte de su memoria cultural y descubrir nuevas propuestas. Al mismo tiempo, estos conciertos acercarán la riqueza de la música cubana y sus conexiones internacionales a públicos de diferentes procedencias, en algunos de los espacios más reconocibles de Madrid.
Con entrada gratuita, las actuaciones de Aymée Nuviola, Cimafunk, Arturo Sandoval y Xenia Rubinos permitirán celebrar no solo la presencia de artistas cubanos en un encuentro internacional, sino también la capacidad de sus tradiciones musicales para transformarse, dialogar con otras culturas y continuar encontrando nuevos públicos.

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Raíces en tránsito

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Treinta maneras de crear Cuba desde lejos: Raíces en tránsito reúne a artistas de la diáspora en Madrid

¿Qué ocurre con una obra cuando su creador tiene que reconstruir su vida lejos de Cuba? Raíces en tránsito plantea esa pregunta desde las experiencias de treinta artistas cubanos que hoy viven en Europa, América Latina y Norteamérica. La exposición puede visitarse hasta el 26 de septiembre en Galería Nueva Carabanchel, Madrid.

Es la primera vez que una muestra reúne a los treinta participantes de los tres primeros años del Programa de Becas de Resiliencia para Artistas Cubanos Migrantes de Artists at Risk Connection (ARC). Hay artes visuales, cine, literatura, música e instalaciones: distintas formas de trabajar con la memoria, la identidad, el desplazamiento y la libertad de expresión.

La exposición no propone una única historia del exilio. Cada artista llega con una trayectoria y un lenguaje propios. Esa diversidad es parte de lo que hace valioso el encuentro: permite mirar la creación cubana más allá de las fronteras de la Isla, sin reducir a sus autores a la experiencia de haberse marchado.

Además de recorrer las obras, el público tendrá dos oportunidades para profundizar en las conversaciones que abre la muestra. El miércoles 16 de septiembre, de 19:30 a 21:00, se celebrará Arte y democracia: creatividad, memoria y espacio cívico, un diálogo con el artista Julio Llopiz-Casal, la historiadora del arte Yanelys Núñez y el escritor Enrique Yeves, moderado por Julie Trébault.

El viernes 25 de septiembre, de 19:00 a 22:00, habrá una noche de cine cubano con Llamadas desde Moscú, de Luis Alejandro Yero Monteagudo, y La teoría cubana de la sociedad perfecta, de Ricardo Figueredo Oliva. La sesión contará con una introducción del crítico de arte Edgar Ariel.

Raíces en tránsito se presenta en Galería Nueva Carabanchel, calle Alejandro Sánchez 94, Madrid, hasta el 26 de septiembre de 2026. Más que reunir obras, ofrece un espacio para encontrarse con quienes siguen imaginando y creando Cuba desde distintos lugares del mundo.

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Ketty Blanco Zaldívar

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Ketty Blanco Zaldívar, una autora cubana entre los diez finalistas del Premio Setenil 2026

La literatura cubana vuelve a encontrar un espacio dentro del panorama cultural español. La escritora Ketty Blanco Zaldívar ha sido seleccionada como una de las diez finalistas del Premio Setenil 2026 al Mejor Libro de Relatos Publicado en España con Los niños perdidos de mamá, publicado por la editorial Polibea. La selección adquiere especial relevancia por la dimensión del certamen: en su vigésimotercera edición se presentaron 108 títulos de editoriales y autores de todo el país, de los cuales solo diez han llegado a la fase definitiva.

Nacida en Guáimaro, Cuba, en 1984, Blanco Zaldívar es poeta y narradora, y su presencia entre los finalistas coloca una voz cubana dentro de uno de los reconocimientos españoles dedicados específicamente al cuento. Los niños perdidos de mamá reúne relatos escritos a lo largo de más de quince años, según ha explicado la propia autora, y aborda territorios como la infancia, la soledad, el abandono, el trauma, la identidad, la violencia y el extrañamiento. Cuba atraviesa también varias de estas historias, no necesariamente como escenario explícito en todo momento, sino como experiencia que condiciona a sus personajes y su manera de relacionarse con el mundo.

El título del libro ya apunta hacia uno de sus grandes territorios narrativos: la infancia entendida lejos de cualquier mirada idealizada. Sus personajes cargan con heridas, deseos frustrados, exclusiones y recuerdos que continúan actuando sobre ellos mucho después de haber dejado de ser niños. La propia descripción editorial presenta esa etapa como un espacio decisivo en la construcción de la identidad individual y social, mientras que la autora ha contado que algunos relatos nacieron de recuerdos infantiles y otros de experiencias y observaciones acumuladas durante años.

Pero la noticia también permite mirar más allá del libro. El Premio Setenil, convocado por el Ayuntamiento de Molina de Segura, en Murcia, se ha consolidado durante más de dos décadas como una de las referencias del relato breve publicado en España. A diferencia de otros grandes galardones literarios, su atención no está puesta en la novela, sino específicamente en los libros de cuentos, un género que habitualmente dispone de menor espacio comercial y mediático. El ganador de esta edición recibirá 10.000 euros.

Su trayectoria ayuda a entender el peso de llegar a esta fase. Entre quienes han obtenido el Setenil desde su creación aparecen nombres fundamentales del cuento contemporáneo en España, como Alberto Méndez, Cristina Fernández Cubas, Sergi Pàmies, David Roas, Clara Obligado, José Ovejero, Cristina Sánchez-Andrade y Alejandro Morellón. En 2026, Ketty Blanco comparte la selección final con autores como Sofía Balbuena, Fran Camacho, Gloria Fernández Rozas, Mar Horno y Elvira Navarro, entre otros.

Por eso, independientemente de cuál sea el resultado final, estar entre los diez libros seleccionados de 108 candidatos supone ya una importante visibilidad para Los niños perdidos de mamá y para su autora. También amplía la presencia de la literatura cubana contemporánea dentro de los circuitos editoriales y culturales españoles, particularmente desde un género tan exigente y concentrado como el cuento.

El jurado de esta edición está presidido por el escritor Juan Carlos Márquez y cuenta además con Inma Pelegrín, Basilio Pujante y Marta Zafrilla. El fallo está previsto para finales de octubre o principios de noviembre, mientras que la entrega tendrá lugar en diciembre en Molina de Segura.

Mientras llega esa decisión, hay algo que ya está conseguido: entre más de un centenar de libros publicados y presentados en España, una escritora cubana y sus historias están entre los diez elegidos para disputar uno de los premios de referencia del cuento español.

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MALECÓN

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Malecón llega a La Habana: una película sobre la difícil decisión de irse o quedarse

Después de recorrer festivales internacionales, Malecón finalmente ha llegado al lugar donde nació su historia. La ópera prima del director español Carlos Larrazábal se estrenó el pasado 27 de agosto en el cine Yara de La Habana, la misma ciudad en la que fue rodada íntegramente y que funciona no solo como escenario, sino como uno de los grandes personajes de la película.

La llegada a las pantallas habaneras supone un momento especial para una producción que ya había comenzado su recorrido fuera de Cuba. Malecón tuvo su estreno internacional en el Miami Film Festival en 2025 y posteriormente continuó circulando por festivales. Ahora es el público cubano quien puede encontrarse directamente con una historia construida alrededor de una pregunta que ha acompañado a numerosas generaciones en la Isla: irse o quedarse.

Coproducida entre Cuba, España y Estados Unidos, la película sigue a Elvis, un joven que es condenado a diez años de prisión después de matar a su padrastro abusivo mientras intentaba defender a su madre. Cuando recupera la libertad y regresa a su antiguo barrio, descubre que muchas de las personas y relaciones que dejó atrás han cambiado. Yuli, su amor de la adolescencia, está ahora casada con uno de los hombres más poderosos del mundo criminal del barrio, mientras Martín, su amigo de juventud, ejerce la prostitución.

En medio de esa realidad aparece para Elvis la posibilidad de abandonar La Habana. La decisión coloca frente a frente dos caminos: marcharse hacia un futuro desconocido o quedarse y enfrentarse a todo aquello que todavía lo vincula con su ciudad. Amor, amistad, lealtad y pertenencia terminan así atravesando un conflicto que va mucho más allá de la historia individual del protagonista.

El propio Larrazábal ha explicado que buscaba mostrar precisamente la complejidad de esa elección, evitando presentar como sencilla cualquiera de las dos posibilidades. En Malecón conviven la mirada de quien decide permanecer y la de quien opta por marcharse dejando atrás una parte de su vida.

El título adquiere entonces un significado especial. El Malecón no funciona únicamente como uno de los lugares más reconocibles de La Habana, sino como una frontera simbólica entre la ciudad y el mar, entre aquello a lo que pertenecemos y la incertidumbre de lo que puede existir al otro lado. Un espacio que, inevitablemente, también forma parte de muchas historias cubanas de partidas, despedidas y permanencias.

La relación de Carlos Larrazábal con Cuba comenzó en 2005, cuando viajó a la Isla para estudiar en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Según ha explicado el realizador, desde aquella primera experiencia surgió su interés por retratar la vida cotidiana de los cubanos y una sociedad marcada por las dificultades, pero también por fuertes vínculos familiares y comunitarios.

El guion fue escrito por Larrazábal junto al cineasta cubano Fabián Suárez y el reparto está encabezado por César Domínguez, Camila Rodhe y Omar Rolando, acompañados por intérpretes como Yordanka Ariosa y Luis Alberto García.

Después de su paso por circuitos internacionales, la llegada de Malecón a La Habana cierra de alguna manera un círculo: una película concebida alrededor de la ciudad finalmente se encuentra con el público que conoce de primera mano muchos de los espacios, códigos y emociones que aparecen en la historia. El recorrido internacional, sin embargo, continuará: el Festival de Cine de Sevilla incluye actualmente la película entre sus proyecciones especiales para su edición del 6 al 14 de noviembre de 2026.

Más que ofrecer una respuesta sobre cuál de los dos caminos es el correcto, Malecón coloca al espectador frente al precio emocional de ambos. Porque marcharse puede significar dejar atrás una parte de la propia vida, pero quedarse tampoco significa necesariamente conservarla.

Ahora esa pregunta llega precisamente al lugar donde transcurre la historia. Frente al Malecón, entre La Habana y el mar: ¿irse o quedarse?

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Dariel García

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Dariel García: el cubano que lleva su balonmano hasta la élite alemana

El balonmano cubano vuelve a tener representación en uno de los escenarios más exigentes de Europa. Dariel García Rivera, extremo izquierdo de 29 años, comienza una nueva etapa de su carrera con el MT Melsungen de Alemania, después de cinco temporadas defendiendo los colores del Bidasoa Irun en España. El fichaje supone mucho más que un cambio de club: coloca al jugador cubano ante el desafío de competir en la Bundesliga alemana y formar parte del proyecto del conjunto germano para la temporada 2026-2027.

Nacido el 31 de diciembre de 1996, García ha construido buena parte de su trayectoria profesional fuera de Cuba. Su camino por el balonmano español incluyó etapas en clubes como Guadalajara y Logroño antes de incorporarse al Bidasoa Irun en 2021. Allí fue consolidándose como un jugador capaz de aportar tanto en ataque como en defensa y adquirió experiencia en competiciones europeas, un recorrido que terminó abriéndole las puertas de uno de los campeonatos más competitivos del mundo.

Curiosamente, el MT Melsungen pudo comprobar de cerca las cualidades del cubano cuando se enfrentó al Bidasoa Irun en los cuartos de final de la European League durante la temporada 2024-2025. Sus características despertaron el interés del conjunto alemán, que encontró en sus 1,96 metros de estatura, su capacidad defensiva y su versatilidad como extremo izquierdo un perfil interesante para reforzar la plantilla. Su incorporación supone ahora un importante salto competitivo y la oportunidad de medirse regularmente con algunos de los mejores jugadores del balonmano internacional.

La llegada de García al Melsungen también tiene un componente especial para el deporte cubano. Se convierte en el primer jugador de Cuba en vestir la camiseta del club alemán, sumándose a la historia de deportistas de la Isla que han encontrado en las ligas europeas un espacio donde continuar desarrollando sus carreras al máximo nivel. En esta nueva etapa estará además bajo las órdenes del entrenador español Roberto García Parrondo, quien conoce sus posibilidades y ha destacado especialmente lo que puede aportar al equipo en tareas defensivas.

Su recorrido no se limita al balonmano de clubes. Dariel García también ha representado a Cuba a nivel internacional, incluyendo su participación en el Campeonato Mundial masculino de 2025. Ahora, su nombre aparece vinculado a una nueva temporada europea con el Melsungen, un desafío que llega después de años de adaptación, crecimiento y continuidad en el balonmano español.

La historia de Dariel García es también la de muchos deportistas cubanos que han tenido que construir sus carreras paso a paso lejos de la Isla. En su caso, el recorrido lo ha llevado de Cuba a España y ahora hasta Alemania, siempre con el objetivo de seguir creciendo dentro de un deporte en el que cada nueva competición exige un nivel todavía mayor.

A sus 29 años, el jugador afronta uno de los capítulos más importantes de su trayectoria. Su llegada al MT Melsungen representa una oportunidad personal, pero también vuelve a colocar el nombre de Cuba dentro del balonmano europeo de primer nivel. Dariel García ya ha recorrido un largo camino para llegar hasta aquí; ahora comienza el reto de demostrar hasta dónde puede llegar en la élite alemana.

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Full Court Peace

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Una cancha, un barrio, una oportunidad: cuando el baloncesto se convierte en comunidad en Cuba

En una cancha de barrio, un balón puede parecer simplemente un balón. Pero para un adolescente que encuentra allí un equipo, una rutina, personas que lo esperan cada fin de semana y un objetivo por el que esforzarse, puede representar mucho más. Esa es una de las ideas que durante años ha impulsado el trabajo de Full Court Peace en Cuba: utilizar el baloncesto no solamente como deporte, sino como una herramienta capaz de reunir a la comunidad y ofrecer a niños y jóvenes un espacio de crecimiento, disciplina y pertenencia.

La organización nació en 2006 de la mano del estadounidense Mike Evans, inicialmente a través de un proyecto que utilizaba el baloncesto para acercar a jóvenes de comunidades católicas y protestantes históricamente enfrentadas en Belfast, Irlanda del Norte. A partir de aquella experiencia, el modelo comenzó a trasladarse a otros territorios y, en 2009, Full Court Peace inició su vínculo con el baloncesto comunitario en La Habana.

En Cuba encontró algo fundamental para que una iniciativa de este tipo pudiera crecer: una cultura de baloncesto callejero que ya pertenecía a los barrios. Con los años, el proyecto ha colaborado con líderes y jugadores locales, apoyando la reparación de canchas, aportando balones, aros, zapatillas, uniformes y otros materiales, además de contribuir a la organización de torneos y ligas. Espacios como la conocida cancha de 23 y B, en El Vedado, junto a otras comunidades de El Cerro y Cojímar, se han convertido así en puntos de encuentro para jugadores de diferentes edades.

Sin embargo, el verdadero valor de una cancha comunitaria no puede medirse solamente por los partidos que se disputan en ella. Alrededor del deporte se crean horarios, responsabilidades y reglas; se aprende a ganar y también a perder, se construyen amistades y aparecen referentes. Para muchos jóvenes, formar parte de un equipo significa también descubrir un espacio donde su presencia importa y donde existen otras personas que esperan algo de ellos.

En las circunstancias que atraviesa actualmente la sociedad cubana, iniciativas de este tipo adquieren una dimensión todavía mayor. Muchas familias enfrentan importantes dificultades económicas y materiales, mientras los espacios de ocio, las alternativas recreativas y las oportunidades para los jóvenes resultan limitados. En ese contexto, mantener viva una cancha significa también conservar un lugar donde encontrarse, competir, aprender y proyectarse hacia algo diferente.

Quienes han trabajado directamente con Full Court Peace en La Habana han explicado que algunos muchachos expuestos a situaciones problemáticas comenzaron a organizar parte de su vida alrededor del deporte. Saber que el fin de semana había partido implicaba entrenar, cumplir determinados compromisos y responder ante un equipo que los esperaba. Puede parecer un cambio pequeño visto desde fuera, pero dentro de una comunidad esa rutina puede adquirir un enorme significado.

Las ligas también han funcionado como espacios de desarrollo deportivo. En ellas han coincidido jugadores de barrio, jóvenes en formación e incluso atletas vinculados al baloncesto competitivo cubano. Algunos participantes han destacado que el nivel de los encuentros les permite mejorar física y técnicamente, mientras estos espacios pueden convertirse en una vía para descubrir y desarrollar jóvenes con posibilidades dentro del deporte. La incorporación de mujeres y niñas amplía además el alcance de una comunidad históricamente asociada en mayor medida al baloncesto masculino.

Dentro de esta historia aparecen personas que han sostenido el proyecto desde el propio terreno. Una de ellas es Yoel Pedroso Blanco, jugador vinculado desde hace años al movimiento del baloncesto callejero habanero y actualmente involucrado en la organización de las actividades de la liga. Su participación representa precisamente una de las claves del modelo de Full Court Peace: no se trata simplemente de que una organización extranjera llegue a una comunidad y decida cuáles son sus necesidades, sino de proporcionar herramientas para que sean los propios líderes locales quienes impulsen y sostengan los proyectos.

Son ellos quienes conocen las canchas, los jugadores, las familias y las necesidades particulares de cada barrio. Esa conexión permite que una ayuda material pueda convertirse en algo mucho más duradero. Una cancha rehabilitada, un balón nuevo o un uniforme son importantes, pero el verdadero impacto aparece cuando alrededor de esos recursos comienza a construirse una comunidad.

Por supuesto, el deporte no puede resolver por sí solo los enormes desafíos que enfrenta actualmente la juventud cubana. Tampoco sería justo depositar sobre iniciativas comunitarias la responsabilidad de solucionar dificultades económicas y sociales mucho más profundas. Lo que sí pueden hacer proyectos como este es generar pequeñas estructuras de oportunidad allí donde hacen falta: ofrecer a un adolescente un lugar al que llegar a una hora determinada, un entrenador que le exija disciplina, compañeros que dependan de él y un espacio donde aprender que una derrota también implica regresar, entrenar y volver a intentarlo.

En ese proceso, el baloncesto deja de ser únicamente una competición. La cancha se convierte en un espacio de convivencia, aprendizaje y pertenencia donde una victoria puede demostrar el valor del esfuerzo y una derrota puede enseñar perseverancia. Sobre todo, permite que muchos jóvenes formen parte de algo colectivo en una etapa de sus vidas en la que contar con referentes, responsabilidades y objetivos puede resultar especialmente importante.

En momentos difíciles, mejorar la calidad de vida de una comunidad no siempre comienza con grandes infraestructuras o transformaciones inmediatas. A veces puede empezar recuperando una cancha, poniendo un balón en las manos de un muchacho y creando las condiciones para que quiera regresar al día siguiente.

Quizás por eso el resultado más importante de estas ligas no sea el que aparece en el marcador, sino lo que ocurre alrededor de él: jóvenes que encuentran un equipo, personas que recuperan un espacio para el barrio y una comunidad que continúa apostando por sus nuevas generaciones. Porque, en medio de una realidad compleja, una cancha también puede ofrecer algo esencial: oportunidades, comunidad y razones para imaginar un futuro.

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Chano Pozo

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Chano Pozo: el cubano que ayudó a cambiar la historia del jazz

Hay artistas que necesitan décadas para dejar una huella y otros que, en muy poco tiempo, consiguen cambiar el rumbo de la música. Chano Pozo pertenece a estos últimos. Su vida terminó con apenas 33 años, pero su encuentro con Dizzy Gillespie en Nueva York fue decisivo para el desarrollo del jazz afrocubano y para llevar la percusión cubana a un nuevo lugar dentro del jazz internacional.

Luciano Pozo González nació en La Habana el 7 de enero de 1915. Creció profundamente conectado con la cultura popular y las tradiciones afrocubanas, de donde procedía buena parte del extraordinario conocimiento rítmico que más tarde llevaría consigo a Estados Unidos. Fue percusionista, compositor, cantante y bailarín, y convirtió el tambor en una verdadera forma de expresión.

Cuando llegó a Nueva York en la década de 1940, el jazz atravesaba una revolución. El bebop, encabezado por músicos como Charlie Parker y Dizzy Gillespie, estaba transformando el género. Al mismo tiempo, artistas cubanos como Mario Bauzá y Machito ya construían importantes puentes entre el jazz y la música afrocubana.

Fue precisamente Mario Bauzá quien conectó a Chano Pozo con Dizzy Gillespie. En 1947, Chano se incorporó a la orquesta del trompetista y aquel encuentro produjo una combinación extraordinaria. Aunque uno apenas hablaba el idioma del otro, ambos encontraron en la música una forma de comunicarse.

De esa colaboración nació “Manteca”, compuesta por Chano Pozo, Dizzy Gillespie y Gil Fuller, considerada una de las piezas fundamentales en la consolidación del jazz afrocubano. La unión entre las complejas armonías del bebop y los patrones rítmicos procedentes de Cuba abrió posibilidades que influirían posteriormente en generaciones enteras de músicos.

Pero la importancia de Chano Pozo fue mucho más allá de añadir unas congas a una orquesta de jazz. Su presencia ayudó a situar los ritmos afrocubanos en el centro de una conversación musical internacional. Junto a Gillespie participó en escenarios como el Carnegie Hall y dejó su huella en composiciones y grabaciones como Manteca, Cubana Be, Cubana Bop y Tin Tin Deo.

Su historia, sin embargo, fue extraordinariamente breve. El 3 de diciembre de 1948, apenas un año después de comenzar aquella colaboración que transformaría su carrera, Chano Pozo murió violentamente en Nueva York. Tenía solo 33 años.

Su legado ya era imposible de detener.

Hoy su influencia puede escucharse en el jazz afrocubano y el latin jazz, así como en generaciones de percusionistas que continuaron explorando el diálogo entre las tradiciones musicales de Cuba y Estados Unidos. Manteca llegó incluso a formar parte del National Recording Registry de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, donde se preservan grabaciones de especial importancia cultural e histórica.

La historia de Chano Pozo demuestra hasta dónde puede llegar una tradición cuando cruza fronteras y encuentra nuevos lenguajes con los que dialogar. Un músico nacido en La Habana llevó consigo los ritmos de su cultura y terminó formando parte de una transformación fundamental de la música del siglo XX.

Vivió solo 33 años, pero fueron suficientes para que su tambor continuara resonando mucho después de su muerte.

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Conjunto Folklórico

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La raíz que cruza fronteras: el Conjunto Folklórico Nacional de Cuba en el Festival de Danzas Negras

En medio de uno de los momentos más complejos que atraviesa Cuba, el arte de la Isla continúa buscando caminos para viajar, dialogar con otras culturas y llegar a nuevos públicos. Esa voluntad de permanecer en movimiento quedó reflejada en la participación del Conjunto Folklórico Nacional de Cuba en la segunda edición del Festival de Danzas Negras: Reflexiones Afrocaribeñas, celebrado en México.

La agrupación cubana inauguró el encuentro en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes con La raíz y el tiempo, un espectáculo dirigido por Leiván García que reunió cantos, música y danzas vinculadas a las tradiciones de origen africano presentes en la identidad cubana. La presentación no fue únicamente una exhibición escénica, sino una demostración de que estas expresiones no pertenecen a un pasado detenido. Continúan transformándose, transmitiéndose entre generaciones y encontrando nuevas formas de relacionarse con el presente.

El Festival de Danzas Negras reúne compañías, artistas, investigadores y comunidades de distintos países de América Latina y el Caribe. A través de espectáculos, talleres, conferencias y encuentros formativos, su programación busca reconocer la influencia de la matriz africana en las culturas de la región y crear un espacio donde las danzas negras puedan ser observadas no como expresiones periféricas, sino como parte esencial de nuestras identidades.

Dentro de ese contexto, la presencia del Conjunto Folklórico Nacional de Cuba adquiere un significado especial. La cultura cubana no puede comprenderse sin la herencia africana que atraviesa su música, sus bailes, su religiosidad, su lenguaje corporal y una parte fundamental de su vida cotidiana. Cuando la agrupación lleva estas expresiones a un escenario internacional, no presenta una imagen folclórica congelada de la Isla, sino una cultura viva, compleja y en constante evolución.

Al finalizar la función inaugural, Leiván García entregó a Alonso Alarcón, coordinador nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura de México, el Oché, símbolo de identidad del conjunto. El gesto representó mucho más que un intercambio protocolario: fue una manera de compartir un emblema cargado de memoria dentro de un encuentro dedicado precisamente a reconocer las conexiones culturales entre los pueblos afrodescendientes.

La participación cubana también se extendió más allá del escenario. Integrantes de la agrupación impartieron un taller sobre danzas pertenecientes a la Regla de Osha-Ifá, con especial atención a las expresiones vinculadas a Yemayá. De este modo, el festival no solo mostró el resultado artístico de años de investigación, sino también los conocimientos, códigos gestuales y saberes espirituales que sostienen esas danzas y que han sido transmitidos de generación en generación.

Fundado en 1962, el Conjunto Folklórico Nacional de Cuba ha desarrollado durante más de seis décadas una labor de investigación, preservación y representación escénica del patrimonio músico-danzario del país. Su trabajo no consiste simplemente en reproducir bailes antiguos, sino en estudiar sus contextos, comprender su significado y trasladarlos al escenario sin desprenderlos de la historia y de las comunidades que los originaron.

Su reciente reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación confirma el valor de esa trayectoria. Lo que viajó a México no fue solamente una compañía profesional, sino una parte esencial de la memoria cultural cubana.

Esta participación ocurre, además, en un momento marcado por profundas dificultades económicas, energéticas y materiales en la Isla. Mantener una agrupación artística activa, garantizar sus ensayos, conservar sus repertorios, formar nuevas generaciones y hacer posible su presencia en escenarios internacionales exige hoy un esfuerzo enorme.

Sin embargo, resulta importante no romantizar la precariedad. La capacidad de los artistas para continuar creando en circunstancias adversas merece reconocimiento, pero no debería utilizarse para normalizar la falta de recursos. El arte cubano necesita condiciones dignas de trabajo, financiación, movilidad, promoción y oportunidades reales para desarrollarse.

La resistencia cultural no debe convertirse en una obligación permanente. Aun así, demuestra que, incluso cuando las circunstancias intentan limitar el movimiento, el arte continúa encontrando grietas por las que avanzar.

La presencia del Conjunto Folklórico Nacional en el Festival de Danzas Negras muestra que expandirse no significa únicamente alcanzar nuevos escenarios. También significa compartir conocimientos, establecer vínculos y reconocer que las tradiciones afrocaribeñas forman parte de una historia común que supera las fronteras nacionales.

En México, la danza cubana dialogó con expresiones afromexicanas y con propuestas procedentes de otros territorios del Caribe y América Latina. En ese intercambio reside una de las mayores fortalezas de nuestra cultura: su capacidad para conservar sus raíces sin quedar atrapada en ellas.

El cuerpo se convierte entonces en archivo. El tambor, en lenguaje. La danza, en una forma de memoria capaz de viajar sin necesidad de traducción.

Y mientras estas expresiones puedan continuar enseñándose, compartiéndose y encontrando nuevos públicos, el arte cubano seguirá expandiéndose. No porque las dificultades hayan desaparecido, sino porque sus creadores continúan defendiendo el derecho de nuestra cultura a permanecer viva, en movimiento y conectada con el mundo.

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