El fin de año en Cuba

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
Search in posts
Search in pages

El fin de año en Cuba: tradiciones, deseos y esperanza

En Cuba, el final de año no es solo una fecha en el calendario: es un ritual colectivo cargado de símbolos, deseos y pequeñas ceremonias que mezclan creencias populares, herencias africanas, españolas y una creatividad muy nuestra. Cuando diciembre avanza, en muchas casas comienza una especie de preparación espiritual y emocional para dejar atrás lo malo y abrirle la puerta a lo bueno que está por venir.

Una de las costumbres más extendidas es la limpieza profunda del hogar. No se trata solo de ordenar, sino de “sacar lo viejo”, botar lo que ya no sirve, mover los muebles y dejar la casa lista para recibir el nuevo año con energía renovada. Para muchos cubanos, limpiar es también una forma de cerrar ciclos, de dejar atrás tristezas, problemas y cargas acumuladas. El hogar debe quedar ligero, como el alma.

Otra tradición muy arraigada es la del agua. Justo cuando termina el año, hay quienes lanzan cubos de agua desde puertas o balcones, simbolizando el acto de expulsar lo malo, las penas y las malas vibras. Es un gesto sencillo pero poderoso, que convierte el tránsito al nuevo año en una especie de purificación colectiva, incluso en edificios donde varios vecinos participan sin ponerse de acuerdo.

La ropa también tiene su lenguaje simbólico. El blanco es protagonista en muchas familias, especialmente por la influencia de las religiones afrocubanas, donde representa paz, claridad y protección. Vestirse de blanco en la noche del 31 es una forma de pedir un año limpio, sereno y con salud. Otros colores también aparecen: el amarillo para la prosperidad, el rojo para el amor, el verde para la esperanza. En Cuba, el deseo se viste.

La comida ocupa un lugar central. Aunque las mesas no siempre estén llenas como se quisiera, hay platos que se mantienen como símbolos de abundancia y continuidad. El cerdo asado es el gran protagonista cuando es posible, acompañado de arroz congrí, yuca con mojo y ensaladas sencillas. Compartir lo que hay, aunque sea poco, es parte esencial del rito: nadie debería despedir el año solo. En muchos barrios, la comida se comparte entre vecinos, reforzando ese sentido de comunidad tan cubano.

No faltan tampoco los rituales personales. Hay quien escribe deseos en un papel y los guarda, quien prende una vela pidiendo salud, amor o trabajo, quien se toma las doce uvas al ritmo de las campanadas improvisadas en la televisión, o quien sale a dar la vuelta a la cuadra con una maleta para atraer viajes y nuevos caminos. Son gestos íntimos, a veces casi secretos, pero cargados de fe.

La música y el ruido cumplen otra función simbólica: espantar lo malo y llamar la alegría. Se sube el volumen, se brindan abrazos, se llora un poco si hace falta y se ríe mucho también. El cubano despide el año con emoción a flor de piel, mezclando nostalgia por lo vivido y esperanza obstinada por lo que viene.

Al final, más allá de las creencias o las formas, estas tradiciones revelan algo profundo: la necesidad de creer que el año próximo puede ser mejor. En Cuba, cerrar el año es un acto de resistencia emocional, un pacto silencioso con la esperanza. Porque aunque falten cosas, nunca falta el deseo de empezar de nuevo, con todo lo bueno por venir.

TUNTURUNTU

El cine en Cuba

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
Search in posts
Search in pages

El cine en Cuba: luces apagadas, memoria viva

Hubo un tiempo en que ir al cine en Cuba era mucho más que sentarse frente a una pantalla. Era un acto social, una costumbre compartida, un pequeño ritual cotidiano que reunía a familias, parejas y amigos en la penumbra de una sala donde todo parecía posible. Las marquesinas iluminaban las calles, los carteles pintados a mano anunciaban estrenos, y el cine era, para muchos, la puerta más cercana al mundo. Hoy, esa escena pertenece casi por completo a la memoria.

Durante la primera mitad del siglo XX, Cuba llegó a tener una de las redes de salas de cine más amplias de América Latina. En La Habana, especialmente, los cines formaban parte esencial del paisaje urbano y de la vida cultural. No eran solo espacios de exhibición cinematográfica, sino verdaderos centros de encuentro donde se compartían emociones, debates y sueños. Ir al cine significaba salir de la rutina, imaginar otros mundos y, a la vez, reconocerse en historias ajenas.

Con el paso de los años, ese esplendor comenzó a deteriorarse. Las dificultades económicas, la falta de recursos para el mantenimiento, el envejecimiento de las infraestructuras y los cambios en los hábitos de consumo cultural fueron apagando, poco a poco, las luces de muchas salas. Lo que antes era un cine lleno de vida hoy es, en numerosos casos, un edificio cerrado, una estructura en ruinas o un espacio reconvertido para otros usos. Butacas rotas, techos que filtran agua, proyectores obsoletos y fachadas descoloridas se repiten como una imagen dolorosamente familiar.

Este deterioro no es solo material. Es también emocional y simbólico. Cada cine que cierra representa la pérdida de un espacio común donde el arte se vivía colectivamente. En un país donde la vida social siempre ha sido profundamente compartida, la desaparición de estos lugares deja un vacío difícil de llenar. Ver una película en casa no sustituye la experiencia de la sala oscura, del silencio compartido antes de que comience la proyección, de la risa o el llanto colectivo que conectaba a desconocidos durante un par de horas.

En La Habana y en muchas otras ciudades del país, algunos cines han logrado sobrevivir, aunque no sin dificultades. Otros han sido transformados en centros culturales, teatros improvisados o espacios comunitarios que intentan mantener viva la vocación artística del lugar, aunque ya no proyecten películas de manera regular. También han surgido iniciativas alternativas, como el cine móvil o las proyecciones al aire libre, que buscan llevar el séptimo arte a barrios donde ya no existe una sala funcional.

La pérdida de los cines en Cuba habla de algo más profundo que el deterioro de edificios: habla de cómo se erosionan los espacios de encuentro cultural, de cómo el acceso al arte se vuelve más limitado y de cómo se diluye una parte esencial de la memoria colectiva. Para muchas generaciones, el cine fue el primer contacto con otras culturas, otros idiomas y otras realidades. Fue también refugio, compañía y aprendizaje.

Hoy, cuando se pasa frente a un antiguo cine cerrado, no solo se ve una construcción abandonada. Se ve una historia que pide ser contada, restaurada o al menos recordada. Porque mientras existan quienes recuerden aquellas salas llenas, el cine cubano seguirá vivo, aunque sea en la nostalgia. Y quizás, algún día, las luces vuelvan a encenderse, las pantallas se iluminen de nuevo y el cine recupere su lugar como uno de los corazones culturales del país.

TUNTURUNTU

San Lázaro en Cuba

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
Search in posts
Search in pages

San Lázaro en Cuba: Fe, promesas y peregrinación el 17 de diciembre

Cada 17 de diciembre, Cuba se convierte en un país donde la fe, la tradición y la esperanza se entrelazan en una de las manifestaciones religiosas más importantes de su religiosidad popular: la procesión y peregrinación en honor a San Lázaro. Esta fecha no es solo un día en el calendario litúrgico, sino un momento profundo de devoción que moviliza a miles de cubanos desde todos los rincones de la isla hacia el Santuario Nacional de San Lázaro, ubicado en El Rincón, en el municipio Boyeros, en las afueras de La Habana.

San Lázaro, conocido en el mundo católico como el amigo de Jesús resucitado, ha sido en Cuba sincretizado con Babalú Ayé, una deidad del panteón yoruba asociada a la sanación de enfermedades de la piel, pestes y sufrimiento físico. Esta doble identidad católica y africana es esencial para entender cómo millones de cubanos veneran a este santo milagroso y cómo la celebración del 17 de diciembre se ha convertido en un fenómeno cultural y espiritual de enorme arraigo.

Desde la víspera del día 16, se comienzan a ver por las calles de La Habana y otras provincias a fieles que inician su camino hacia El Rincón, algunos caminando largas distancias, otros descalzos o de rodillas, muchos portando símbolos o realizando actos de penitencia para cumplir las promesas hechas al santo. La devoción popular hacia San Lázaro está llena de ejemplos conmovedores de fe y sacrificio: caminatas de rodillas, arrastrarse o cargar pesos, caminar descalzos o con muletas, y la entrega de cruces u otros objetos que simbolizan sufrimiento o gratitud. Entre las historias más comunes se encuentran personas que cumplen promesas para agradecer la recuperación de un hijo enfermo, superar una enfermedad grave o recibir protección en momentos difíciles.

La fiesta del 17 de diciembre está marcada por una estética muy propia. El color morado es el más visible y representativo de San Lázaro y Babalú Ayé en Cuba. Los fieles visten prendas moradas o indumentaria hecha de saco de yute, un tejido rústico que simboliza humildad, sufrimiento y conexión con los orígenes del culto. Las ofrendas que se colocan ante la imagen del santo son variadas: ramos de flores moradas, velas encendidas, estampas, pequeños exvotos, monedas, tabacos e incluso figuras o prendas que representan favores concedidos. Las calles cercanas al santuario se colman de gente desde el día anterior, con rituales, tambores y cantos que acompañan la llegada de los fieles, recordando las raíces africanas de la veneración.

La jornada del 17 de diciembre no es solo una misa o una procesión; es una verdadera peregrinación de pueblo. Miles de cubanos creyentes y no creyentes caminan juntos, conversan, se apoyan y comparten historias de fe en un ambiente que también se transforma en fiesta. A lo largo del trayecto se forman puestos donde se vende comida, bebidas tradicionales y recuerdos religiosos, haciendo del camino una feria popular cargada de espiritualidad y expresión cultural. Las celebraciones trascienden lo puramente espiritual, porque también son espacios de encuentro social y cultural que reflejan la identidad y el tejido comunitario de los cubanos.

Para muchos cubanos, San Lázaro representa una fuente de esperanza ante las dificultades de la vida cotidiana: problemas de salud, familiares, económicos o simplemente la búsqueda de consuelo. La fiesta del 17 de diciembre es, así, una mezcla de devoción religiosa, tradición cultural y manifestación social que revela cómo la fe popular puede convertirse en un terreno de resistencia, memoria y unión comunitaria.

En definitiva, el día de San Lázaro en Cuba es mucho más que una tradición religiosa: es una expresión viva del sincretismo cultural y espiritual que ha marcado a generaciones de cubanos, donde cada promesa, cada rodilla en el camino y cada vela encendida habla de historias personales, milagros esperados y la fuerza de una fe que sigue moviendo a multitudes cada 17 de diciembre.

TUNTURUNTU

FIART 2025

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
Search in posts
Search in pages

FIART 2025: Arte hecho a mano en La Habana

Del 6 al 21 de diciembre de 2025, La Habana volverá a convertirse en la gran casa del arte hecho a mano con la celebración de la XXVII Feria Internacional de Artesanía, FIART 2025. Este año, el evento estará dedicado a la provincia de Matanzas, un territorio de profundas tradiciones culturales, con un legado artesanal que abarca desde la cerámica hasta la madera, la cuentística popular, la rumba y la creatividad contemporánea. FIART no solo funciona como una feria comercial: es un espacio de encuentro, exhibición y diálogo entre creadores cubanos e internacionales. En esta edición participarán 151 expositores cubanos junto a artesanos provenientes de siete países, Colombia, India, México, Panamá, Perú, Venezuela y Ecuador, lo que convierte la cita en una de las más diversas y nutridas de los últimos años.

La sede principal será la Estación Cultural de Línea y 18, un sitio que en las últimas ediciones ha logrado integrar diseño, patrimonio, arquitectura y actividades para todos los públicos. Este año, FIART 2025 propone una experiencia más amplia que combina feria, pasarela, conciertos, debates y exhibiciones especiales. Entre los momentos más esperados está el desfile de moda de la diseñadora Maya Sierra, que presentará una colección inspirada en materiales naturales y en la estética artesanal cubana, así como la presentación del pianista Alejandro Falcón acompañado por Los Muñequitos de Matanzas, un cruce entre música académica y raíz afrocubana que promete ser uno de los grandes espectáculos del programa.

Como cada año, el evento incluye su espacio teórico, que en esta edición se desarrollará bajo el título “Artesanía: Patrimonio Cultural y Desarrollo Sostenible” entre el 9 y el 11 de diciembre. Este encuentro reunirá a investigadores, artesanos, diseñadores y gestores culturales para reflexionar sobre el papel de la artesanía en la identidad, la economía local, la sostenibilidad ambiental y el futuro del diseño hecho a mano. La feria, además, otorga un lugar especial a Matanzas, con ocho stands individuales, cuatro institucionales y la presentación de obras que reflejan tanto las tradiciones del territorio como sus nuevos lenguajes visuales.

FIART 2025 mantiene también su vocación inclusiva: el acceso será gratuito para menores de edad, mujeres embarazadas y adultos mayores, y el horario de apertura será de 10:00 a.m. a 6:00 p.m. La idea es acercar la artesanía a todos, desde quienes buscan piezas únicas para regalar en diciembre hasta quienes desean descubrir nuevas historias detrás de cada creador. Entre lo utilitario, lo decorativo y lo simbólico, la feria se convierte en un recorrido por la diversidad cultural de Cuba y del continente.

Más que una vitrina de productos, FIART es un espacio que celebra la memoria, el oficio, la autoría y la creatividad contemporánea. En tiempos donde la producción industrial domina el mercado, esta feria reivindica el valor de lo hecho a mano, de lo que tiene alma, de lo que cuenta una historia. Matanzas, dedicada en esta edición, se suma como símbolo de resistencia cultural, tradición viva y permanente reinvención. Del 6 al 21 de diciembre, FIART 2025 no solo abre sus puertas: abre una ventana a la identidad, al diseño, al diálogo y al futuro del arte artesanal en Cuba.

TUNTURUNTU

Festival del Nuevo Cine Latinoamericano

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
Search in posts
Search in pages

La Habana vibra con el 46º Festival del Nuevo Cine Latinoamericano

Del 4 al 14 de diciembre de 2025, La Habana se prepara para convertirse nuevamente en el corazón del cine latinoamericano con la 46ª edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Esta edición, bajo el lema “Rodando cine”, llega con cifras récord: más de 1 600 obras recibidas entre largometrajes, cortos, documentales, animación, guiones inéditos y carteles, provenientes de más de 40 países. Un volumen que confirma que el cine latino sigue vivo, diverso y dispuesto a contar historias necesarias. Uno de los momentos más simbólicos de este año será el homenaje a los históricos Estudios Churubusco de México, que celebran 80 años y recibirán un Coral de Honor por su contribución decisiva al desarrollo del cine latinoamericano. Además, el festival dedicará parte de su programación al centenario de Alfredo Guevara, su fundador, cuya visión del cine como espacio de pensamiento y diálogo continúa marcando el espíritu del evento.

La selección oficial llega especialmente variada, con títulos que ya generan conversación tanto por sus propuestas estéticas como por la fuerza de sus narrativas. Destaca la presencia cubana con películas como “Cherri”, una coproducción entre Cuba, Guatemala y México que explora la intimidad y el conflicto emocional desde una mirada fresca; y “Neurótica Anónima”, que propone un viaje psicológico lleno de ironía y tensiones sociales contemporáneas. Desde Argentina, Brasil y España llega “¡Caigan las rosas blancas!”, un largometraje que mezcla política, poética y memoria de una forma que no deja intacto al espectador. Brasil y Francia aportan “O agente secreto”, un thriller estilizado que representa esa tendencia actual del cine latino a abrazar lo global sin perder identidad. También llega “La hija cóndor”, una producción entre Bolivia, Perú y Uruguay que destaca por su sensibilidad indígena y su aproximación al territorio como personaje; además de “Cuerpo celeste”, una propuesta chileno-italiana que combina misterio, intimidad y un discurso visual arriesgado. Se suman títulos de República Dominicana, Ecuador, Colombia y otros países que completan una programación que parece diseñada para mostrar el mapa completo del cine latinoamericano contemporáneo.

Más allá de las salas llenas y los estrenos esperados, el festival continúa apostando por los espacios de reflexión que lo distinguen: clases magistrales, encuentros de actores y directores, debates con críticos, muestras paralelas, retrospectivas y laboratorios creativos. La Habana vive durante estos días un ritmo distinto, donde la ciudad se transforma en punto de encuentro entre cineastas jóvenes, figuras consolidadas, estudiantes de arte y un público que sigue acudiendo fielmente cada diciembre. Este año la conversación apunta hacia las nuevas narrativas del continente, la renovación del lenguaje audiovisual y el papel del cine como herramienta para imaginar futuros posibles. En medio de un panorama global cambiante, el festival vuelve a recordarnos que el cine latino no solo se proyecta: se debate, se celebra, se cuestiona y se reinventa.

La 46ª edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano promete, como pocas veces, una experiencia vibrante: estrenos que harán ruido, obras que provocarán discusiones largas, homenajes que celebran historia y nuevas voces que anuncian hacia dónde mira el continente. Del 4 al 14 de diciembre, La Habana será nuevamente ese escenario donde todo se mezcla: la memoria, el riesgo, la emoción y la certeza de que el cine latino sigue teniendo mucho que decir.

TUNTURUNTU

Hier Kommt Alex

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
Search in posts
Search in pages

Hier Kommt Alex: la obra que se niega a desaparecer

Hay obras que nacen marcadas; piezas que, incluso antes de concretarse plenamente, ya cargan un destino y una herida. Hier Kommt Alex, de Osnel Delgado, pertenece a esa rara genealogía de trabajos que parecen tener vida propia: obras que resisten, mutan y buscan a su público aun cuando las circunstancias se empeñan en silenciarlas. Lo que comenzó como una coreografía inspirada en el Alex de La naranja mecánica ese antihéroe violento, anárquico y contradictoriamente humano evolucionó hacia una experiencia expandida donde danza, fotografía, impresión y performance dialogan sin jerarquías. Pero su fuerza central no radica solo en su estética, sino en la forma en que su propio proceso se ha vuelto inseparable de su significado.

Fotografía: Argel Ernesto González

Desde su intento de estreno, Hier Kommt Alex fue atravesada por la misma violencia que tematiza. El apagón que frustró la función inaugural en Miramar, convertido en un acontecimiento performativo involuntario, reveló la presencia de una violencia estructural: ese entramado de precariedades materiales e institucionales que condiciona la creación cultural en Cuba. La cancelación no fue solo un contratiempo técnico; fue la aparición de un antagonista real que marcó a la obra y la empujó a un estado de resistencia activa. Insistir mostrarla, reformularla, sobrevivirla se convirtió, entonces, en una forma de crear.

Desplazada de los circuitos oficiales, la obra emprendió una migración que recuerda la propia naturaleza del personaje de Alex DeLarge: marginal, inadaptado, expulsado del espacio “correcto”. Así, Hier Kommt Alex encontró refugio en lo alternativo: un ensayo abierto en el estudio de Malpaso, una exposición fotográfica en la Casa de la Poesía y un conversatorio performativo en la Casa de la Salamandra. En estos lugares, lejos de perder fuerza, la obra reveló una potencia inesperada. El espacio, ahora más íntimo, permitió que el cuerpo en movimiento adquiriera una vulnerabilidad distinta: el espectador, situado a pocos centímetros, presenciaba no solo la violencia representada, sino también la fragilidad del bailarín que intenta continuar a pesar de todo.

Fotografía: Argel Ernesto González

Privada de su formato original, la pieza se multiplicó. Las fotografías de Argel Ernesto González, más que documentación, funcionan como memoria de una obra que no llegó a mostrarse en escena: fragmentos visuales que fijan la energía del movimiento y la tensión emocional del personaje. Las impresiones de Jesús Gastell y el diseño curatorial de Ernesto Escobar transformaron esa ausencia en un objeto tangible, casi arqueológico, donde cada imagen narra una posibilidad truncada. Y la performance adaptada a espacios pequeños reinstaló el cuerpo como centro del discurso, obligando a los intérpretes a reconfigurar su fisicalidad y al público a implicarse desde otra proximidad. De este cruce interdisciplinario emergió un ecosistema artístico: una obra abierta, hecha de capas, desplazamientos y huellas.

Fotografía: Argel Ernesto González

Quizás el gesto más conmovedor de Hier Kommt Alex es la exposición deliberada de su propio proceso. Como un work in progress involuntario, la obra se ha construido ante los ojos del público, con sus fracturas y sus intentos. Los artistas involucrados bailarines, fotógrafo, curador y coreógrafo hablan con transparencia de los obstáculos, el cansancio y la voluntad de sostener la pieza contra todo pronóstico. Esta apertura convirtió a la comunidad en parte activa del proyecto: espectadores que asistieron pese al apagón, anfitriones que prestaron sus casas, colegas que acudieron a acompañar. La obra ya no es solo su contenido estético; es también la red humana que la mantiene encendida.

En ese recorrido, la luz se volvió su gran metáfora. La luz del flash atrapando gestos que de otro modo se perderían; la luz improvisada en una sala vedadense mientras la ciudad caía en sombras; la luz simbólica de una obra que insiste, que reaparece, que se niega a desaparecer. Hier Kommt Alex es un testimonio perfecto de esa intersección entre las sombras necesarias para que la luz se manifieste y las sombras impuestas por un contexto que limita, pero no detiene, la creación.

Fotografía: Argel Ernesto González

La trayectoria accidentada de la obra no la debilitó: la enriqueció. Su fracaso inicial se convirtió en una victoria poética, en un manifiesto involuntario sobre el deseo de crear incluso cuando el mundo se oscurece. Lo que pudo ser una coreografía frustrada es hoy una pieza expandida, profunda y simbólica, que afirma que el arte —cuando quiere existir— encuentra siempre la forma de hacerlo.

Artículo: Evelyn García Hernández

Improvisar en jazz

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
Search in posts
Search in pages

Improvisar en jazz: destreza vs emoción.

La improvisación ha sido una de las marcas esenciales del jazz y, en el caso cubano, un territorio donde confluyen la herencia rítmica, la experimentación armónica y la búsqueda de nuevos lenguajes. Hoy conviven diversas formas de asumir este proceso creativo: desde improvisaciones que privilegian la destreza técnica, hasta otras que, sin prescindir de la técnica, persiguen un fin más discursivo, capaz de generar emoción y diálogo.

Las primeras destacan por su despliegue de virtuosismo. Cada nota parece una demostración de lo posible, una acrobacia sonora que recuerda al espectáculo circense: impactante, arriesgado, seductor. Este tipo de improvisación exige disciplina, control y madurez técnica, lo cual merece reconocimiento en sí mismo. Sin embargo, cuando el centro de gravedad se desplaza hacia el solista, la interpretación puede transformarse en un acto de exhibición más preocupado por impresionar que por dialogar. Surge entonces una pregunta inevitable: ¿qué valor adquiere un discurso musical si la audiencia queda deslumbrada, pero emocionalmente distante?

En contraste, otros intérpretes orientan la técnica hacia un propósito distinto: evocar imágenes, despertar memorias, crear tensiones que encuentran resolución. Aquí, el improvisador no compite con el silencio, lo incorpora; no toca únicamente para sí, sino que construye junto a los demás músicos y el oyente. En este espacio, el ego no desaparece, pero se equilibra: impulsa la expresividad sin reclamar siempre el protagonismo. Entonces: ¿qué experimenta el público cuando la improvisación deja de ser demostración y se convierte en relato compartido?

No se trata de jerarquizar ni de determinar cuál es la vía más legítima, sino de reconocer que ambas responden a motivaciones distintas y cumplen funciones diferentes en la experiencia musical. La improvisación técnica despierta admiración; la discursiva, en cambio, busca conmover. El reto, quizás, radica en mantener un equilibrio donde el virtuosismo no opaque la emoción y donde el relato conserve la fuerza de la técnica.

La improvisación, en definitiva, oscila entre el brillo de la destreza y la intimidad de la emoción. Más que ofrecer respuestas cerradas, lo que queda es una invitación: pensar qué conmueve más en un solo de jazz, si la demostración de lo posible o la evocación de lo sensible. La tarea, como ocurre en el arte, permanece abierta para quien escucha.

Artículo: Edel Almeida Mompié

“Adiós Cuba”

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
Search in posts
Search in pages

“Adiós Cuba”: cuando el cine escucha las despedidas de una nación

“Adiós Cuba”, la más reciente película del realizador Rolando Díaz, se ha convertido en una de las obras cubanas más comentadas del año por su fuerza emocional, su mirada honesta al éxodo y su manera profundamente humana de narrar lo que significa despedirse de un país. El filme sigue a Caridad, una directora de teatro cubana radicada en Valencia e interpretada magistralmente por Yuliet Cruz, quien decide montar una obra basada en testimonios reales de emigrantes cubanos. A partir de ese proceso creativo, la película construye un puente entre ficción y documento, entre historias personales y memoria colectiva, haciendo que cada relato cobre vida frente a la cámara. La trama se articula alrededor de estas voces reales que comparten experiencias sobre sus salidas de Cuba: travesías peligrosas, despedidas dolorosas, encuentros inesperados, nostalgias incurables y también humor, porque incluso en medio del desgarro los cubanos siempre encuentran una manera de reír. Junto a Cruz, aparecen actores como Frank Moreno, Betiza Bismark y Grisell Monzón, formando un elenco que combina intérpretes profesionales con personas que han vivido el éxodo, lo que le da al filme un pulso auténtico y profundamente conmovedor.

La película ha dejado una huella notable en cada proyección internacional, y una prueba de su impacto es que ganó recientemente el Premio del Público en Italia, durante el Festival Ibero-Latinoamericano de Trieste. Este reconocimiento es especialmente significativo porque no proviene de un jurado especializado, sino de los espectadores, lo que confirma la capacidad del filme para conmover, conectar y abrir conversaciones más allá de fronteras y contextos. El público europeo destacó la sinceridad de las historias, la interpretación de Yuliet Cruz y la sensibilidad con que Díaz transforma testimonios en una experiencia cinematográfica que se siente íntima y universal.

Rolando Díaz, con su larga trayectoria en el cine cubano, apuesta aquí por un lenguaje sobrio y cercano; la cámara se queda junto a los rostros, los silencios, los gestos mínimos que revelan mundos interiores. Las escenas del montaje teatral funcionan como un corazón palpitante dentro de la historia, permitiendo que los testimonios se transformen en arte, y el arte en un modo de entender la realidad. “Adiós Cuba” no se limita a mostrar el acto de emigrar: explora el porqué, el para qué y cómo esas decisiones transforman no solo a quienes parten, sino también a los que esperan. La película ha sido celebrada por su sensibilidad y su valentía al abordar un tema que marca a varias generaciones, y por la forma en que convierte el dolor en diálogo, la nostalgia en memoria común y las despedidas en un retrato profundo de identidad.

El resultado es una obra que duele y reconforta a la vez. Una película que recuerda que detrás de cada maleta hay un mundo entero, y que el adiós, cuando se repite tantas veces en una nación, termina convirtiéndose en parte esencial de su ADN emocional. “Adiós Cuba” no es solo cine: es memoria viva, es escucha, es una invitación a entender lo que todavía no hemos terminado de decirnos como país.

TUNTURUNTU

Cádiz y La Habana: dos orillas, una misma luz

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
Search in posts
Search in pages

Cádiz y La Habana: dos orillas, una misma luz

Cuando pisas Cádiz por primera vez, puedes tener la extraña sensación de haber cruzado el Atlántico sin moverte. Las fachadas azul marino y crema que miran al mar, los balcones de hierro forjado, el viento salado del océano… incluso el paseo marítimo parece un eco del Malecón habanero. Y aunque esta impresión pueda parecer romántica o superficial, existen raíces históricas y arquitectónicas que explican esa conexión tan íntima entre ambas ciudades.

Durante los siglos XVI al XVIII, Cádiz fue el gran puerto de acceso del Imperio español hacia América, llegando a monopolizar el comercio con las colonias cuando la Casa de Contratación se trasladó desde Sevilla en 1717. Aquella posición privilegiada convirtió a la ciudad en un espacio cosmopolita, próspero y abierto al mundo, desde donde ideas, estilos y tendencias urbanas viajaron a América.

Al otro lado del océano, La Habana se convirtió en un enclave esencial del mundo colonial: puerto de entrada, punto de intercambio cultural y origen de una arquitectura que reinterpretó las influencias europeas bajo el sol del Caribe.

Un nombre destaca en esta relación transatlántica: Pedro de Medina, arquitecto gaditano cuya obra en La Habana ejemplifica el vínculo formal entre ambas ciudades. Su legado, visible en construcciones emblemáticas como la Catedral de La Habana o la Casa de Obrapía, muestra cómo el barroco andaluz fue asumido y transformado en Cuba. Medina llevó consigo los patios luminosos, las fachadas ornamentadas y los balcones de hierro típicos del sur de España, adaptándolos a la intensidad de la luz y al clima caribeño.

El parecido entre ambas urbes se percibe en múltiples rincones: el paseo marítimo de Cádiz y el Malecón de La Habana comparten función, estampa y vocación ciudadana de mirar al Atlántico. Las murallas gaditanas de los siglos XVII y XVIII encuentran su reflejo en las fortalezas de la bahía habanera, y las calles estrechas del casco antiguo de Cádiz evocan el pulso, la luz y el ritmo de la capital cubana.

Pero el parecido no es solo visual: es también emocional. Para muchos cubanos que visitan Cádiz, la sensación es la de regresar a casa. La vista, la brisa, la luz y la vida urbana gaditana despiertan ecos de La Habana. Y, a su vez, el legado arquitectónico de Cádiz vive en la isla, transformado por la creatividad cubana, la influencia africana y la energía del trópico.

Por eso, cuando decimos que La Habana se parece a Cádiz, no hablamos solo de una postal. Hablamos de una historia compartida que viajó en barcos de plata, en balcones de hierro y en planos de arquitectos que soñaban con el mar. Cádiz fue fuente; La Habana, espejo. Y juntas, a pesar de los 7.400 kilómetros que las separan, siguen reflejando una misma luz: la del Atlántico que une más de lo que separa.

TUNTURUNTU

20ª Semana Belga en Cuba

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
Search in posts
Search in pages

20ª Semana Belga en Cuba: dos décadas de cooperación cultural

Este año marca la 20ª edición de la Semana Belga en Cuba, un evento que reúne arte, música, cine y teatro, consolidando dos décadas de colaboración cultural entre Bélgica y Cuba. Del 5 al 14 de noviembre de 2025, sedes en La Habana y Matanzas acogerán una programación diversa que celebra el intercambio artístico y la continuidad de los vínculos entre ambos países.

Fotografía: Néstor Martí

La Embajada del Reino de Bélgica en Cuba, encabezada por el embajador Mathias Kende, subraya que este aniversario representa un reconocimiento a la relación sostenida entre las dos naciones. En estas veinte ediciones, la Semana Belga ha promovido el diálogo entre distintas tradiciones culturales, lenguas y formas de creación.

El programa de esta edición combina actividades musicales, visuales y escénicas, pensadas tanto para el público especializado como para quienes se acercan por primera vez a la cultura belga.

En el ámbito musical destacan varias presentaciones. El dúo belga Dyad, integrado por el acordeonista Didier Laloy y el contrabajista Adrien Tyberghein, se presentará junto al percusionista cubano Adel González el 6 de noviembre en la Sala José White de Matanzas, en un concierto que une improvisación y tradición. El 8 de noviembre, en La Habana, el pianista Jef Neve, el dúo Dyad, el saxofonista Janio Abreu y la Orquesta del Lyceum Mozartiano de La Habana ofrecerán un concierto conjunto. Además, el 9 de noviembre se realizará una descarga improvisada en la terraza del Loft Habana, como parte de las propuestas de encuentro informal entre músicos cubanos y belgas.

Fotografía: Dayron Vegaz

Las artes visuales y escénicas ocupan también un lugar relevante. En la Vitrina de Valonia se inaugurará una exposición retrospectiva sobre las veinte ediciones de la Semana Belga, curada por Lilien Trujillo y Lysbeth Daumont, que reúne carteles, programas y registros históricos. Paralelamente, se presentará la muestra “100 años del Art Déco: de Bruselas a La Habana”, con la colaboración del artista belga Gaspard Giersé, quien impartirá una conferencia sobre el tema en Nodo Habana el 13 de noviembre.

En el ámbito teatral, la compañía suiza Andrayas y el grupo cubano Teatro de las Estaciones ofrecerán espectáculos dirigidos a niños y adolescentes, reafirmando la vocación de la Semana por llegar a públicos diversos.

La edición de 2025 coincide además con los 120 años de relaciones diplomáticas entre Bélgica y Cuba, un contexto que refuerza el valor de esta cooperación cultural. La Semana Belga no solo presenta manifestaciones artísticas foráneas, sino que impulsa proyectos conjuntos y el desarrollo de nuevas propuestas creativas. Ejemplo de ello es la colaboración entre los Estudios de Animación del ICAIC y el estudio belga Caméra-etc, orientada a la producción audiovisual y la formación artística.

La programación de esta vigésima edición combina la perspectiva histórica del evento con una mirada actual sobre las prácticas culturales contemporáneas, incorporando nuevas generaciones de artistas y ampliando los espacios de participación.

La Semana Belga en Cuba 2025 se reafirma así como un espacio de cooperación y aprendizaje mutuo, que a lo largo de veinte años ha contribuido a fortalecer los lazos culturales entre ambos países mediante el arte, la música, el teatro y el cine.

TUNTURUNTU