ExpoCoruña 2026

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ExpoCoruña 2026: un viaje cultural que une Galicia y Cuba

En febrero de 2026, ExpoCoruña, el principal recinto ferial de A Coruña, se prepara para convertirse en un punto de encuentro cultural sin precedentes con la celebración de “El Expreso de Cuba”, una experiencia inmersiva y sensorial que fusionará las culturas de Galicia y Cuba a través de la música, la gastronomía, el arte y las tradiciones populares. Del 19 al 22 de febrero, el recinto ferial acogerá este evento que promete transportar al público en un recorrido por 125 años de historia cultural cubana, desde los primeros años de la República hasta las expresiones contemporáneas más vibrantes.

“El Expreso de Cuba” se presenta como una propuesta innovadora dentro de la programación de ExpoCoruña, renovando la idea de feria tradicional y transformándola en una celebración cultural interactiva. La ambientación del espacio estará diseñada para evocar un antiguo tren, con vagones temáticos que alojarán diversos espacios dedicados a rincones cafeteros que invitan a degustar cafés emblemáticos, exposiciones de arte que narran hitos del arte cubano, áreas gastronómicas con sabores de la Isla y muestras visuales que explican costumbres populares y tradiciones a lo largo de más de un siglo de historia.

La música será un pilar central de esta experiencia. Cada noche, del 19 al 22 de febrero, el público podrá disfrutar de conciertos en directo que reúnen a algunas de las orquestas y músicos más representativos de Cuba. Entre los artistas confirmados para estas jornadas se encuentran nombres de renombre como Alain Pérez y su orquesta, el legendario Isaac Delgado y su orquesta, Alexander Abreu & Havana D’Primera y la emblemática Orquesta Los Van Van, agrupaciones que simbolizan la riqueza del panorama musical cubano y su capacidad para conectar con audiencias diversas y multiculturales. Estos conciertos están pensados no solo como espectáculos musicales, sino como momentos de celebración y encuentro, donde el ritmo, la historia y la identidad se mezclan en un mismo escenario.

Además de la música en vivo, ExpoCoruña acogerá dentro de “El Expreso de Cuba” una feria de arte y cultura que incluye literatura, artes plásticas y discografía de autores cubanos. Los visitantes podrán recorrer espacios expositivos dedicados a la producción artística de la Isla, interactuar con piezas visuales que cuentan historias de su pueblo y descubrir obras que reflejan el diálogo entre tradición y modernidad. Este enfoque integral convierte al evento en una plataforma cultural amplia, que no solo entretiene, sino que educa, invita a reflexionar y fomenta el intercambio entre identidades culturales diferentes.

La gastronomía también ocupará un lugar destacado dentro de la feria. ExpoCoruña será escenario de experiencias culinarias que celebran la alta cocina cubana, con espacios dedicados a la degustación de platos típicos, bebidas emblemáticas y productos que forman parte del imaginario gastronómico de la Isla. Además, se ofrecerán productos cubanos tradicionales, como cervezas locales y otros artículos que permiten al público vivir la cultura cubana con todos los sentidos.

La presencia de “El Expreso de Cuba” dentro de ExpoCoruña 2026 no solo refuerza el carácter internacional y multicultural de esta feria, sino que también subraya la importancia de crear espacios donde distintas culturas puedan conocerse, dialogar y celebrarse mutuamente. En un mundo cada vez más interconectado, eventos como este muestran cómo la música, la comida, el arte y la historia pueden ser puentes que unen geografías y corazones, ofreciendo experiencias auténticas y memorables.

Del 19 al 22 de febrero, ExpoCoruña abrirá sus puertas a un viaje cultural que invita a descubrir Cuba en toda su riqueza: desde sus ritmos más vibrantes y sus sabores más intensos, hasta sus historias más profundas y sus expresiones artísticas más emblemáticas. Es una invitación no solo a visitar una feria, sino a vivir una celebración cultural completa, donde Galicia y Cuba se encuentran para compartir talento, memoria y futuro.

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Jazz Plaza 2026

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Jazz Plaza 2026: Cuba vuelve a latir al ritmo del jazz

Cada enero, cuando Cuba comienza un nuevo año, la música encuentra una de sus expresiones más intensas en el Festival Internacional Jazz Plaza, un evento que trasciende el simple hecho musical para convertirse en un verdadero acontecimiento cultural. La edición 41 del Jazz Plaza se celebrará del 25 de enero al 1 de febrero de 2026 y volverá a transformar al país en un gran escenario donde el jazz dialoga con las raíces, la contemporaneidad y el espíritu creativo de la Isla.

Este festival, uno de los más importantes de su tipo en América Latina, tendrá nuevamente como sedes principales a La Habana, Santiago de Cuba y Santa Clara, pero suma este año a Holguín, ampliando su alcance territorial y reafirmando su vocación integradora. Esta expansión no solo lleva el jazz a nuevos públicos, sino que fortalece la idea de un evento que pertenece a toda Cuba y que conecta distintas regiones a través de la música.

Jazz Plaza 2026 contará con la participación de artistas provenientes de 15 países, entre ellos Francia, España, Portugal, Italia, Estados Unidos, Brasil, México, Colombia, Canadá y China, entre otros. Esta diversidad convierte al festival en un punto de encuentro entre culturas, estilos y generaciones, donde el jazz se reinventa constantemente a través de la fusión con sonoridades afrocubanas, caribeñas, latinas y contemporáneas.

Más allá de los conciertos, el Jazz Plaza mantiene su carácter formativo y reflexivo. Durante la semana del evento se desarrollan coloquios, clases magistrales, talleres y encuentros teóricos que permiten el intercambio entre músicos consagrados, jóvenes creadores, estudiantes y especialistas. El Coloquio Internacional dedicado a la memoria de Leonardo Acosta vuelve a ser un espacio clave para debatir sobre la historia, el presente y los desafíos del jazz y la música cubana.

En La Habana, el festival se despliega en teatros, plazas, centros culturales y espacios al aire libre, generando una atmósfera vibrante donde la música se mezcla con la vida cotidiana de la ciudad. Cada sede ofrece una experiencia distinta: conciertos multitudinarios, presentaciones íntimas, jam sessions improvisadas y colaboraciones inesperadas que hacen del Jazz Plaza un evento vivo y cambiante.

Bajo la dirección artística del pianista cubano Roberto Fonseca, esta edición apuesta por un jazz contemporáneo que no renuncia a sus raíces. El tema musical que acompaña al festival, titulado La rumba me llama, simboliza ese puente entre el jazz internacional y la herencia rítmica afrocubana, reafirmando a Cuba como un espacio donde la tradición y la innovación conviven de manera natural.

El Festival Internacional Jazz Plaza no es solo una cita para melómanos; es una celebración de la identidad cultural cubana en diálogo con el mundo. Durante una semana, la Isla vibra al compás de trompetas, pianos, contrabajos y tambores, recordándonos que el jazz en Cuba no es un género importado, sino una forma propia de sentir, improvisar y contar historias. Jazz Plaza 2026 vuelve a demostrar que, en Cuba, la música no se escucha solamente: se comparte, se vive y se convierte en memoria colectiva.

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Fresa y Chocolate, del cine al teatro

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Fresa y Chocolate, del cine al teatro

Fresa y Chocolate, la historia cubana que marcó un antes y un después en la cinematografía iberoamericana, vuelve a cobrar vida en el escenario con una adaptación teatral renovada que se presenta actualmente en el Teatro Trail de Miami. Esta versión, dirigida por Yusnel Suárez, no solo rescata la esencia del relato original, sino que lo enriquece con música, baile, humor y nuevos personajes que amplían la narrativa clásica para un público contemporáneo.

La obra, basada en el libreto original escrito por Senel Paz, conservador del espíritu de la película que vio la luz en 1993, sitúa al espectador en una caótica Habana donde convergen contradicciones sociales, políticas y personales que dan paso a una historia de amistad poco convencional. En el centro están Diego, un artista homosexual y disidente, y David, un joven comunista heterosexual cuya relación desafía prejuicios arraigados y tabúes todavía presentes en la sociedad cubana actual. Esta puesta escénica se propone no solo rememorar los temas del filme, sino también conectar con audiencias que han vivido experiencias de exilio, nostalgia y crítica social.

El elenco reúne a destacados actores con sólida trayectoria en teatro y televisión. Encabezando la producción, Yusnel Suárez da vida a Diego, infundiendo al personaje complejidad emocional y presencia escénica. A su lado, Jeffry Batista interpreta a David, aportando matices que subrayan el choque y la eventual convergencia entre ideologías opuestas. Susana Pérez encarna a La Polaca, un personaje rico en color y dinamismo; Alberto Pujol demuestra su versatilidad asumiendo el doble rol de Pisinguilla y Armando, sumando una dimensión técnica y actoral al montaje; Yerlin Pérez interpreta a la camarera del Coppelia; Yuliet Cruz como Nancy; Roberto San Martín en el papel de Miguel, y Luis Manuel Bangán como Germán completan este grupo actoral que da vida a una historia que sigue siendo relevante décadas después de su primera versión cinematográfica.

La adaptación y dirección de Suárez proponen un formato más dinámico, incorporando música en vivo y coreografías que amplían el universo escénico y le dan a Fresa y Chocolate una energía especial para la audiencia de Miami, una ciudad donde la memoria cubana encuentra resonancia constante. La puesta en escena no solo recrea escenas icónicas, sino que también inserta momentos que permiten explorar la cultura cubana con humor y reflexión, apelando tanto a quienes conocen la historia original como a quienes se acercan por primera vez a ella.

Detrás de la producción hay un equipo técnico sólido: la escenografía a cargo de Milkos D’Sosa y Shamir Baluja, la producción musical de José Álvarez y Yunior Arronte, coreografías de Henry Gual y el diseño de iluminación de Oscar Molina contribuyen a que la obra no solo se experimente como teatro narrativo, sino como un espectáculo integral que combina música, movimiento y puesta visual en un formato que celebra la diversidad del arte cubano en el exilio.

Desde su estreno en diciembre de 2025, Fresa y Chocolate ha generado expectativas entre el público teatral de Miami, donde las funciones se desarrollan con la calificación para mayores de 18 años, respondiendo a la complejidad de sus contenidos y a la madurez emocional que exige su temática. La obra se ha convertido en un punto de encuentro para quienes buscan revisar la historia cultural cubana desde un lente contemporáneo y para quienes desean ver, en escena, una versión que respeta la memoria de un clásico sin renunciar a la vitalidad creativa.

En definitiva, esta adaptación de Fresa y Chocolate en el Teatro Trail reafirma la vigencia de una historia que trasciende épocas, traspasa fronteras y encuentra, en el teatro, un medio poderoso para seguir explorando la condición humana, las tensiones sociales y la fuerza de la amistad frente a prejuicios que parecen eternos. En Miami, esta puesta se presenta no solo como un espectáculo teatral, sino como un testimonio artístico de la perennidad de un relato que sigue emocionando.

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El fin de año en Cuba

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El fin de año en Cuba: tradiciones, deseos y esperanza

En Cuba, el final de año no es solo una fecha en el calendario: es un ritual colectivo cargado de símbolos, deseos y pequeñas ceremonias que mezclan creencias populares, herencias africanas, españolas y una creatividad muy nuestra. Cuando diciembre avanza, en muchas casas comienza una especie de preparación espiritual y emocional para dejar atrás lo malo y abrirle la puerta a lo bueno que está por venir.

Una de las costumbres más extendidas es la limpieza profunda del hogar. No se trata solo de ordenar, sino de “sacar lo viejo”, botar lo que ya no sirve, mover los muebles y dejar la casa lista para recibir el nuevo año con energía renovada. Para muchos cubanos, limpiar es también una forma de cerrar ciclos, de dejar atrás tristezas, problemas y cargas acumuladas. El hogar debe quedar ligero, como el alma.

Otra tradición muy arraigada es la del agua. Justo cuando termina el año, hay quienes lanzan cubos de agua desde puertas o balcones, simbolizando el acto de expulsar lo malo, las penas y las malas vibras. Es un gesto sencillo pero poderoso, que convierte el tránsito al nuevo año en una especie de purificación colectiva, incluso en edificios donde varios vecinos participan sin ponerse de acuerdo.

La ropa también tiene su lenguaje simbólico. El blanco es protagonista en muchas familias, especialmente por la influencia de las religiones afrocubanas, donde representa paz, claridad y protección. Vestirse de blanco en la noche del 31 es una forma de pedir un año limpio, sereno y con salud. Otros colores también aparecen: el amarillo para la prosperidad, el rojo para el amor, el verde para la esperanza. En Cuba, el deseo se viste.

La comida ocupa un lugar central. Aunque las mesas no siempre estén llenas como se quisiera, hay platos que se mantienen como símbolos de abundancia y continuidad. El cerdo asado es el gran protagonista cuando es posible, acompañado de arroz congrí, yuca con mojo y ensaladas sencillas. Compartir lo que hay, aunque sea poco, es parte esencial del rito: nadie debería despedir el año solo. En muchos barrios, la comida se comparte entre vecinos, reforzando ese sentido de comunidad tan cubano.

No faltan tampoco los rituales personales. Hay quien escribe deseos en un papel y los guarda, quien prende una vela pidiendo salud, amor o trabajo, quien se toma las doce uvas al ritmo de las campanadas improvisadas en la televisión, o quien sale a dar la vuelta a la cuadra con una maleta para atraer viajes y nuevos caminos. Son gestos íntimos, a veces casi secretos, pero cargados de fe.

La música y el ruido cumplen otra función simbólica: espantar lo malo y llamar la alegría. Se sube el volumen, se brindan abrazos, se llora un poco si hace falta y se ríe mucho también. El cubano despide el año con emoción a flor de piel, mezclando nostalgia por lo vivido y esperanza obstinada por lo que viene.

Al final, más allá de las creencias o las formas, estas tradiciones revelan algo profundo: la necesidad de creer que el año próximo puede ser mejor. En Cuba, cerrar el año es un acto de resistencia emocional, un pacto silencioso con la esperanza. Porque aunque falten cosas, nunca falta el deseo de empezar de nuevo, con todo lo bueno por venir.

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El cine en Cuba

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El cine en Cuba: luces apagadas, memoria viva

Hubo un tiempo en que ir al cine en Cuba era mucho más que sentarse frente a una pantalla. Era un acto social, una costumbre compartida, un pequeño ritual cotidiano que reunía a familias, parejas y amigos en la penumbra de una sala donde todo parecía posible. Las marquesinas iluminaban las calles, los carteles pintados a mano anunciaban estrenos, y el cine era, para muchos, la puerta más cercana al mundo. Hoy, esa escena pertenece casi por completo a la memoria.

Durante la primera mitad del siglo XX, Cuba llegó a tener una de las redes de salas de cine más amplias de América Latina. En La Habana, especialmente, los cines formaban parte esencial del paisaje urbano y de la vida cultural. No eran solo espacios de exhibición cinematográfica, sino verdaderos centros de encuentro donde se compartían emociones, debates y sueños. Ir al cine significaba salir de la rutina, imaginar otros mundos y, a la vez, reconocerse en historias ajenas.

Con el paso de los años, ese esplendor comenzó a deteriorarse. Las dificultades económicas, la falta de recursos para el mantenimiento, el envejecimiento de las infraestructuras y los cambios en los hábitos de consumo cultural fueron apagando, poco a poco, las luces de muchas salas. Lo que antes era un cine lleno de vida hoy es, en numerosos casos, un edificio cerrado, una estructura en ruinas o un espacio reconvertido para otros usos. Butacas rotas, techos que filtran agua, proyectores obsoletos y fachadas descoloridas se repiten como una imagen dolorosamente familiar.

Este deterioro no es solo material. Es también emocional y simbólico. Cada cine que cierra representa la pérdida de un espacio común donde el arte se vivía colectivamente. En un país donde la vida social siempre ha sido profundamente compartida, la desaparición de estos lugares deja un vacío difícil de llenar. Ver una película en casa no sustituye la experiencia de la sala oscura, del silencio compartido antes de que comience la proyección, de la risa o el llanto colectivo que conectaba a desconocidos durante un par de horas.

En La Habana y en muchas otras ciudades del país, algunos cines han logrado sobrevivir, aunque no sin dificultades. Otros han sido transformados en centros culturales, teatros improvisados o espacios comunitarios que intentan mantener viva la vocación artística del lugar, aunque ya no proyecten películas de manera regular. También han surgido iniciativas alternativas, como el cine móvil o las proyecciones al aire libre, que buscan llevar el séptimo arte a barrios donde ya no existe una sala funcional.

La pérdida de los cines en Cuba habla de algo más profundo que el deterioro de edificios: habla de cómo se erosionan los espacios de encuentro cultural, de cómo el acceso al arte se vuelve más limitado y de cómo se diluye una parte esencial de la memoria colectiva. Para muchas generaciones, el cine fue el primer contacto con otras culturas, otros idiomas y otras realidades. Fue también refugio, compañía y aprendizaje.

Hoy, cuando se pasa frente a un antiguo cine cerrado, no solo se ve una construcción abandonada. Se ve una historia que pide ser contada, restaurada o al menos recordada. Porque mientras existan quienes recuerden aquellas salas llenas, el cine cubano seguirá vivo, aunque sea en la nostalgia. Y quizás, algún día, las luces vuelvan a encenderse, las pantallas se iluminen de nuevo y el cine recupere su lugar como uno de los corazones culturales del país.

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San Lázaro en Cuba

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San Lázaro en Cuba: Fe, promesas y peregrinación el 17 de diciembre

Cada 17 de diciembre, Cuba se convierte en un país donde la fe, la tradición y la esperanza se entrelazan en una de las manifestaciones religiosas más importantes de su religiosidad popular: la procesión y peregrinación en honor a San Lázaro. Esta fecha no es solo un día en el calendario litúrgico, sino un momento profundo de devoción que moviliza a miles de cubanos desde todos los rincones de la isla hacia el Santuario Nacional de San Lázaro, ubicado en El Rincón, en el municipio Boyeros, en las afueras de La Habana.

San Lázaro, conocido en el mundo católico como el amigo de Jesús resucitado, ha sido en Cuba sincretizado con Babalú Ayé, una deidad del panteón yoruba asociada a la sanación de enfermedades de la piel, pestes y sufrimiento físico. Esta doble identidad católica y africana es esencial para entender cómo millones de cubanos veneran a este santo milagroso y cómo la celebración del 17 de diciembre se ha convertido en un fenómeno cultural y espiritual de enorme arraigo.

Desde la víspera del día 16, se comienzan a ver por las calles de La Habana y otras provincias a fieles que inician su camino hacia El Rincón, algunos caminando largas distancias, otros descalzos o de rodillas, muchos portando símbolos o realizando actos de penitencia para cumplir las promesas hechas al santo. La devoción popular hacia San Lázaro está llena de ejemplos conmovedores de fe y sacrificio: caminatas de rodillas, arrastrarse o cargar pesos, caminar descalzos o con muletas, y la entrega de cruces u otros objetos que simbolizan sufrimiento o gratitud. Entre las historias más comunes se encuentran personas que cumplen promesas para agradecer la recuperación de un hijo enfermo, superar una enfermedad grave o recibir protección en momentos difíciles.

La fiesta del 17 de diciembre está marcada por una estética muy propia. El color morado es el más visible y representativo de San Lázaro y Babalú Ayé en Cuba. Los fieles visten prendas moradas o indumentaria hecha de saco de yute, un tejido rústico que simboliza humildad, sufrimiento y conexión con los orígenes del culto. Las ofrendas que se colocan ante la imagen del santo son variadas: ramos de flores moradas, velas encendidas, estampas, pequeños exvotos, monedas, tabacos e incluso figuras o prendas que representan favores concedidos. Las calles cercanas al santuario se colman de gente desde el día anterior, con rituales, tambores y cantos que acompañan la llegada de los fieles, recordando las raíces africanas de la veneración.

La jornada del 17 de diciembre no es solo una misa o una procesión; es una verdadera peregrinación de pueblo. Miles de cubanos creyentes y no creyentes caminan juntos, conversan, se apoyan y comparten historias de fe en un ambiente que también se transforma en fiesta. A lo largo del trayecto se forman puestos donde se vende comida, bebidas tradicionales y recuerdos religiosos, haciendo del camino una feria popular cargada de espiritualidad y expresión cultural. Las celebraciones trascienden lo puramente espiritual, porque también son espacios de encuentro social y cultural que reflejan la identidad y el tejido comunitario de los cubanos.

Para muchos cubanos, San Lázaro representa una fuente de esperanza ante las dificultades de la vida cotidiana: problemas de salud, familiares, económicos o simplemente la búsqueda de consuelo. La fiesta del 17 de diciembre es, así, una mezcla de devoción religiosa, tradición cultural y manifestación social que revela cómo la fe popular puede convertirse en un terreno de resistencia, memoria y unión comunitaria.

En definitiva, el día de San Lázaro en Cuba es mucho más que una tradición religiosa: es una expresión viva del sincretismo cultural y espiritual que ha marcado a generaciones de cubanos, donde cada promesa, cada rodilla en el camino y cada vela encendida habla de historias personales, milagros esperados y la fuerza de una fe que sigue moviendo a multitudes cada 17 de diciembre.

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FIART 2025

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FIART 2025: Arte hecho a mano en La Habana

Del 6 al 21 de diciembre de 2025, La Habana volverá a convertirse en la gran casa del arte hecho a mano con la celebración de la XXVII Feria Internacional de Artesanía, FIART 2025. Este año, el evento estará dedicado a la provincia de Matanzas, un territorio de profundas tradiciones culturales, con un legado artesanal que abarca desde la cerámica hasta la madera, la cuentística popular, la rumba y la creatividad contemporánea. FIART no solo funciona como una feria comercial: es un espacio de encuentro, exhibición y diálogo entre creadores cubanos e internacionales. En esta edición participarán 151 expositores cubanos junto a artesanos provenientes de siete países, Colombia, India, México, Panamá, Perú, Venezuela y Ecuador, lo que convierte la cita en una de las más diversas y nutridas de los últimos años.

La sede principal será la Estación Cultural de Línea y 18, un sitio que en las últimas ediciones ha logrado integrar diseño, patrimonio, arquitectura y actividades para todos los públicos. Este año, FIART 2025 propone una experiencia más amplia que combina feria, pasarela, conciertos, debates y exhibiciones especiales. Entre los momentos más esperados está el desfile de moda de la diseñadora Maya Sierra, que presentará una colección inspirada en materiales naturales y en la estética artesanal cubana, así como la presentación del pianista Alejandro Falcón acompañado por Los Muñequitos de Matanzas, un cruce entre música académica y raíz afrocubana que promete ser uno de los grandes espectáculos del programa.

Como cada año, el evento incluye su espacio teórico, que en esta edición se desarrollará bajo el título “Artesanía: Patrimonio Cultural y Desarrollo Sostenible” entre el 9 y el 11 de diciembre. Este encuentro reunirá a investigadores, artesanos, diseñadores y gestores culturales para reflexionar sobre el papel de la artesanía en la identidad, la economía local, la sostenibilidad ambiental y el futuro del diseño hecho a mano. La feria, además, otorga un lugar especial a Matanzas, con ocho stands individuales, cuatro institucionales y la presentación de obras que reflejan tanto las tradiciones del territorio como sus nuevos lenguajes visuales.

FIART 2025 mantiene también su vocación inclusiva: el acceso será gratuito para menores de edad, mujeres embarazadas y adultos mayores, y el horario de apertura será de 10:00 a.m. a 6:00 p.m. La idea es acercar la artesanía a todos, desde quienes buscan piezas únicas para regalar en diciembre hasta quienes desean descubrir nuevas historias detrás de cada creador. Entre lo utilitario, lo decorativo y lo simbólico, la feria se convierte en un recorrido por la diversidad cultural de Cuba y del continente.

Más que una vitrina de productos, FIART es un espacio que celebra la memoria, el oficio, la autoría y la creatividad contemporánea. En tiempos donde la producción industrial domina el mercado, esta feria reivindica el valor de lo hecho a mano, de lo que tiene alma, de lo que cuenta una historia. Matanzas, dedicada en esta edición, se suma como símbolo de resistencia cultural, tradición viva y permanente reinvención. Del 6 al 21 de diciembre, FIART 2025 no solo abre sus puertas: abre una ventana a la identidad, al diseño, al diálogo y al futuro del arte artesanal en Cuba.

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Festival del Nuevo Cine Latinoamericano

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La Habana vibra con el 46º Festival del Nuevo Cine Latinoamericano

Del 4 al 14 de diciembre de 2025, La Habana se prepara para convertirse nuevamente en el corazón del cine latinoamericano con la 46ª edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Esta edición, bajo el lema “Rodando cine”, llega con cifras récord: más de 1 600 obras recibidas entre largometrajes, cortos, documentales, animación, guiones inéditos y carteles, provenientes de más de 40 países. Un volumen que confirma que el cine latino sigue vivo, diverso y dispuesto a contar historias necesarias. Uno de los momentos más simbólicos de este año será el homenaje a los históricos Estudios Churubusco de México, que celebran 80 años y recibirán un Coral de Honor por su contribución decisiva al desarrollo del cine latinoamericano. Además, el festival dedicará parte de su programación al centenario de Alfredo Guevara, su fundador, cuya visión del cine como espacio de pensamiento y diálogo continúa marcando el espíritu del evento.

La selección oficial llega especialmente variada, con títulos que ya generan conversación tanto por sus propuestas estéticas como por la fuerza de sus narrativas. Destaca la presencia cubana con películas como “Cherri”, una coproducción entre Cuba, Guatemala y México que explora la intimidad y el conflicto emocional desde una mirada fresca; y “Neurótica Anónima”, que propone un viaje psicológico lleno de ironía y tensiones sociales contemporáneas. Desde Argentina, Brasil y España llega “¡Caigan las rosas blancas!”, un largometraje que mezcla política, poética y memoria de una forma que no deja intacto al espectador. Brasil y Francia aportan “O agente secreto”, un thriller estilizado que representa esa tendencia actual del cine latino a abrazar lo global sin perder identidad. También llega “La hija cóndor”, una producción entre Bolivia, Perú y Uruguay que destaca por su sensibilidad indígena y su aproximación al territorio como personaje; además de “Cuerpo celeste”, una propuesta chileno-italiana que combina misterio, intimidad y un discurso visual arriesgado. Se suman títulos de República Dominicana, Ecuador, Colombia y otros países que completan una programación que parece diseñada para mostrar el mapa completo del cine latinoamericano contemporáneo.

Más allá de las salas llenas y los estrenos esperados, el festival continúa apostando por los espacios de reflexión que lo distinguen: clases magistrales, encuentros de actores y directores, debates con críticos, muestras paralelas, retrospectivas y laboratorios creativos. La Habana vive durante estos días un ritmo distinto, donde la ciudad se transforma en punto de encuentro entre cineastas jóvenes, figuras consolidadas, estudiantes de arte y un público que sigue acudiendo fielmente cada diciembre. Este año la conversación apunta hacia las nuevas narrativas del continente, la renovación del lenguaje audiovisual y el papel del cine como herramienta para imaginar futuros posibles. En medio de un panorama global cambiante, el festival vuelve a recordarnos que el cine latino no solo se proyecta: se debate, se celebra, se cuestiona y se reinventa.

La 46ª edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano promete, como pocas veces, una experiencia vibrante: estrenos que harán ruido, obras que provocarán discusiones largas, homenajes que celebran historia y nuevas voces que anuncian hacia dónde mira el continente. Del 4 al 14 de diciembre, La Habana será nuevamente ese escenario donde todo se mezcla: la memoria, el riesgo, la emoción y la certeza de que el cine latino sigue teniendo mucho que decir.

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Hier Kommt Alex

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Hier Kommt Alex: la obra que se niega a desaparecer

Hay obras que nacen marcadas; piezas que, incluso antes de concretarse plenamente, ya cargan un destino y una herida. Hier Kommt Alex, de Osnel Delgado, pertenece a esa rara genealogía de trabajos que parecen tener vida propia: obras que resisten, mutan y buscan a su público aun cuando las circunstancias se empeñan en silenciarlas. Lo que comenzó como una coreografía inspirada en el Alex de La naranja mecánica ese antihéroe violento, anárquico y contradictoriamente humano evolucionó hacia una experiencia expandida donde danza, fotografía, impresión y performance dialogan sin jerarquías. Pero su fuerza central no radica solo en su estética, sino en la forma en que su propio proceso se ha vuelto inseparable de su significado.

Fotografía: Argel Ernesto González

Desde su intento de estreno, Hier Kommt Alex fue atravesada por la misma violencia que tematiza. El apagón que frustró la función inaugural en Miramar, convertido en un acontecimiento performativo involuntario, reveló la presencia de una violencia estructural: ese entramado de precariedades materiales e institucionales que condiciona la creación cultural en Cuba. La cancelación no fue solo un contratiempo técnico; fue la aparición de un antagonista real que marcó a la obra y la empujó a un estado de resistencia activa. Insistir mostrarla, reformularla, sobrevivirla se convirtió, entonces, en una forma de crear.

Desplazada de los circuitos oficiales, la obra emprendió una migración que recuerda la propia naturaleza del personaje de Alex DeLarge: marginal, inadaptado, expulsado del espacio “correcto”. Así, Hier Kommt Alex encontró refugio en lo alternativo: un ensayo abierto en el estudio de Malpaso, una exposición fotográfica en la Casa de la Poesía y un conversatorio performativo en la Casa de la Salamandra. En estos lugares, lejos de perder fuerza, la obra reveló una potencia inesperada. El espacio, ahora más íntimo, permitió que el cuerpo en movimiento adquiriera una vulnerabilidad distinta: el espectador, situado a pocos centímetros, presenciaba no solo la violencia representada, sino también la fragilidad del bailarín que intenta continuar a pesar de todo.

Fotografía: Argel Ernesto González

Privada de su formato original, la pieza se multiplicó. Las fotografías de Argel Ernesto González, más que documentación, funcionan como memoria de una obra que no llegó a mostrarse en escena: fragmentos visuales que fijan la energía del movimiento y la tensión emocional del personaje. Las impresiones de Jesús Gastell y el diseño curatorial de Ernesto Escobar transformaron esa ausencia en un objeto tangible, casi arqueológico, donde cada imagen narra una posibilidad truncada. Y la performance adaptada a espacios pequeños reinstaló el cuerpo como centro del discurso, obligando a los intérpretes a reconfigurar su fisicalidad y al público a implicarse desde otra proximidad. De este cruce interdisciplinario emergió un ecosistema artístico: una obra abierta, hecha de capas, desplazamientos y huellas.

Fotografía: Argel Ernesto González

Quizás el gesto más conmovedor de Hier Kommt Alex es la exposición deliberada de su propio proceso. Como un work in progress involuntario, la obra se ha construido ante los ojos del público, con sus fracturas y sus intentos. Los artistas involucrados bailarines, fotógrafo, curador y coreógrafo hablan con transparencia de los obstáculos, el cansancio y la voluntad de sostener la pieza contra todo pronóstico. Esta apertura convirtió a la comunidad en parte activa del proyecto: espectadores que asistieron pese al apagón, anfitriones que prestaron sus casas, colegas que acudieron a acompañar. La obra ya no es solo su contenido estético; es también la red humana que la mantiene encendida.

En ese recorrido, la luz se volvió su gran metáfora. La luz del flash atrapando gestos que de otro modo se perderían; la luz improvisada en una sala vedadense mientras la ciudad caía en sombras; la luz simbólica de una obra que insiste, que reaparece, que se niega a desaparecer. Hier Kommt Alex es un testimonio perfecto de esa intersección entre las sombras necesarias para que la luz se manifieste y las sombras impuestas por un contexto que limita, pero no detiene, la creación.

Fotografía: Argel Ernesto González

La trayectoria accidentada de la obra no la debilitó: la enriqueció. Su fracaso inicial se convirtió en una victoria poética, en un manifiesto involuntario sobre el deseo de crear incluso cuando el mundo se oscurece. Lo que pudo ser una coreografía frustrada es hoy una pieza expandida, profunda y simbólica, que afirma que el arte —cuando quiere existir— encuentra siempre la forma de hacerlo.

Artículo: Evelyn García Hernández

Improvisar en jazz

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Improvisar en jazz: destreza vs emoción.

La improvisación ha sido una de las marcas esenciales del jazz y, en el caso cubano, un territorio donde confluyen la herencia rítmica, la experimentación armónica y la búsqueda de nuevos lenguajes. Hoy conviven diversas formas de asumir este proceso creativo: desde improvisaciones que privilegian la destreza técnica, hasta otras que, sin prescindir de la técnica, persiguen un fin más discursivo, capaz de generar emoción y diálogo.

Las primeras destacan por su despliegue de virtuosismo. Cada nota parece una demostración de lo posible, una acrobacia sonora que recuerda al espectáculo circense: impactante, arriesgado, seductor. Este tipo de improvisación exige disciplina, control y madurez técnica, lo cual merece reconocimiento en sí mismo. Sin embargo, cuando el centro de gravedad se desplaza hacia el solista, la interpretación puede transformarse en un acto de exhibición más preocupado por impresionar que por dialogar. Surge entonces una pregunta inevitable: ¿qué valor adquiere un discurso musical si la audiencia queda deslumbrada, pero emocionalmente distante?

En contraste, otros intérpretes orientan la técnica hacia un propósito distinto: evocar imágenes, despertar memorias, crear tensiones que encuentran resolución. Aquí, el improvisador no compite con el silencio, lo incorpora; no toca únicamente para sí, sino que construye junto a los demás músicos y el oyente. En este espacio, el ego no desaparece, pero se equilibra: impulsa la expresividad sin reclamar siempre el protagonismo. Entonces: ¿qué experimenta el público cuando la improvisación deja de ser demostración y se convierte en relato compartido?

No se trata de jerarquizar ni de determinar cuál es la vía más legítima, sino de reconocer que ambas responden a motivaciones distintas y cumplen funciones diferentes en la experiencia musical. La improvisación técnica despierta admiración; la discursiva, en cambio, busca conmover. El reto, quizás, radica en mantener un equilibrio donde el virtuosismo no opaque la emoción y donde el relato conserve la fuerza de la técnica.

La improvisación, en definitiva, oscila entre el brillo de la destreza y la intimidad de la emoción. Más que ofrecer respuestas cerradas, lo que queda es una invitación: pensar qué conmueve más en un solo de jazz, si la demostración de lo posible o la evocación de lo sensible. La tarea, como ocurre en el arte, permanece abierta para quien escucha.

Artículo: Edel Almeida Mompié