Ser mujer y emprendedora

Un negocio y un emprendimiento no son lo mismo, aunque lo parezcan. Además de beneficios económicos, los emprendedores buscan generar otros valores, para el equipo, la comunidad y para la sociedad en general. Estamos hablando de valores educativos, de respeto al medio ambiente, de equidad de género, de crear oportunidades de empleos para más personas…

Una vez hecha esta diferenciación, pasemos a otro nivel: entre un hombre emprendedor y una mujer también hay otros abismos. Hombres y mujeres emprendedores, no son mejores ni peores, simplemente son diferentes.

Si analizamos de forma histórica el acceso a oportunidades de empleo y de experimentar, ensayar y concretar sueños, las mujeres se ubican casi en el extremo opuesto a los hombres.

Las féminas debimos conquistar a fuerza de imponernos, muchos de los derechos con los que nacieron los hombres “por gracia divina”. Salir de la cocina, de planchar, lavar y cuidar niños, para fundar una empresa, no es cosa de un día, sino de siglos.

A pesar de las luchas por la equidad, todavía solo 1 de cada 3 mujeres accede a puestos de dirección o de toma de decisiones en el mundo, y casi todas enfrentamos más obstáculos para insertarnos plenamente en el mercado laboral.

Las brechas (históricas) de género pesan sobre los hombros de mujeres de todas las latitudes. Aunque esas cargas muchas veces se asuman con naturalidad, el hecho es que muchas se reinventan allí donde ven una oportunidad de crear beneficios para sí mismas, para sus familias y también para, de forma indirecta, romper esquemas; para ser, a fin de cuentas, inspiración para otras personas.

No tenemos evidencias, pero tampoco dudas de que, si las mujeres tuviéramos las mismas oportunidades para desarrollar todo nuestro potencial, el mundo no solo sería un lugar más justo, sino también más próspero y empático.

Precisamente, desde Tunturuntu te queremos compartir tres mujeres que revirtieron su suerte desde la pasión o la resolución de un problema en la sociedad y que pueden ser tu inspiración si le estás dando vueltas a la idea de sacar tu proyecto de la gaveta.

Madame CJ Walker

Hija de antiguos esclavos de Luisiana, Walker inició una línea de cosméticos y productos para el cuidado del cabello para mujeres afroamericanas en una época donde la segregación era una realidad.  Con apenas 1.25 dólares empezó su negocio de venta de puerta en puerta y se convirtió en la primera mujer millonaria hecha a fuerza de trabajo propio. 

Jimena Flórez

Ser fundadora de ChaakHealthy Snacks, una empresa que elabora alimentos saludables para exportar a Estados Unidos, ha hecho de la colombiana Jimena Flórez una de las mujeres emprendedoras más reconocidas de América Latina.

Con su emprendimiento, Flórez está transformando hábitos alimenticios en los niños y a la vez apoya a campesinos colombianos a practicar una agricultura sostenible.

Jimena Florez cuadrado

Linda Franco

Mexicana de estirpe, Linda Franco es la cofundadora de Machina, una empresa pionera en el sector wearable o tecnología para vestir.

Su producto más exitoso, la MIDI Jacket, permite crear música mediante sensores que captan los movimientos del cuerpo.

Liderando Machina, Franco se ha convertido en una de las ganadoras de la lista Innovadores menores de 35 Latinoamérica 2017 del MIT TechnologyReview en español.

Profundizar en las historias de estas 3 emprendedoras, nos recuerda que el éxito la mayoría de las veces descansa en la planeación y la perseverancia.

En el caso de Cuba, ser emprendedora tiene muchos matices. Las cubanas hemos heredado el don de la resiliencia y de la valentía. Solo a fuerza de coraje se pueden sostener emprendimientos en un contexto como el cubano.

Entonces, ¿qué es ser una mujer emprendedora en Cuba? Te dejamos esa pregunta rondando, seguramente responderla nos ayudará a valorar mucho más a esas chicas que generan valores de todo tipo desde sus negocios, cuando este 19 de noviembre el mundo celebre el Día Internacional de la Mujer Emprendedora.