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Manolo del Valle: la voz que llevó el sentimiento del bolero de Manzanillo a toda Cuba

Durante casi siete décadas, Manolo del Valle construyó una trayectoria que comenzó en los clubes de Manzanillo, pasó por los tríos tradicionales y la música popular bailable, y encontró en el bolero su principal forma de expresión. Su historia permite recorrer una parte importante de la canción romántica cubana y redescubrir a una de sus voces más representativas.

Nacido como Manuel Batista Salgado el 7 de mayo de 1942 en Manzanillo, actual provincia de Granma, comenzó a cantar en 1958, cuando todavía era adolescente. Sus primeras presentaciones tuvieron lugar en los clubes de su ciudad natal, donde la música popular formaba parte de la vida cotidiana y constituía una de las principales formas de encuentro social.

Entre finales de 1959 y 1961 actuó en escenarios de La Habana. Después regresó a Manzanillo, donde se incorporó al Trío Ideal y, dos años más tarde, a Los Bohemios. En aquellos conjuntos comenzó a familiarizarse con el formato de trío, profundamente vinculado a la tradición del bolero latinoamericano.

La experiencia fue decisiva para su formación. En los tríos, la melodía, la dicción y la interpretación del texto ocupan un lugar central, y el cantante debe transmitir la emoción de la canción sin depender únicamente de la fuerza vocal. En ese ambiente empezó a desarrollar el estilo que marcaría su carrera: una manera de interpretar cercana, clara y contenida, capaz de comunicar los sentimientos de las letras sin recurrir constantemente al dramatismo.

En 1964, Manolo del Valle se incorporó a la Orquesta Original de Manzanillo, fundada el 21 de diciembre de 1963. Su llegada coincidió con una etapa en la que la agrupación comenzaba a consolidar una identidad propia dentro de la música popular cubana.

La Original desarrolló una sonoridad basada en el formato de charanga, con violines, flauta, piano, bajo y percusión, además de elementos procedentes de la tradición musical manzanillera. Aunque con el tiempo sería reconocida principalmente por sus sones, guarachas y otros géneros bailables, la orquesta también reservó un espacio para la canción romántica.

Durante los catorce años que permaneció en la agrupación, Del Valle interpretó tanto sones como boleros. Su presencia demostró que la música bailable y la canción sentimental podían convivir dentro de un mismo proyecto artístico. Mientras el ritmo invitaba al movimiento, el bolero aportaba una dimensión más íntima y reflexiva, ampliando las posibilidades expresivas de la orquesta.

Esta etapa también significó su consolidación ante el público cubano. Durante sus años con la Original de Manzanillo alcanzó popularidad nacional y obtuvo premios de interpretación en festivales cubanos. La experiencia no solo fortaleció su oficio, sino que también le permitió desarrollar una identidad artística propia, vinculada cada vez más a la canción romántica.

Hacia finales de la década de 1970, después de abandonar la orquesta, Manolo del Valle continuó su carrera como solista en La Habana. Fue entonces cuando su nombre quedó estrechamente asociado al bolero y cuando pudo concentrarse con mayor libertad en un repertorio marcado por el amor, los celos, la separación y el desengaño.

Entre las canciones más relacionadas con su trayectoria se encuentran No renunciaré a tu amor, Solo mía y basta, Este es mi último adiós y Ni tu cama ni tu almohada. A ellas se suman Es mejor vivir así y Celos del viento y el mar, registradas en su producción discográfica de comienzos de los años ochenta.

En estas interpretaciones se reconoce una de las características esenciales de su estilo: una expresividad directa, sostenida por el fraseo y por la comprensión emocional de las letras. Para Del Valle, el bolero no era únicamente una melodía acompañada por una voz. Era también una historia, una confesión o un conflicto sentimental que debía llegar al público con naturalidad.

Su manera de cantar pertenecía a una tradición en la que la palabra tenía un peso fundamental. La emoción surgía del relato musical y de la forma en que el intérprete daba sentido a cada frase. Por eso sus canciones lograron conectar con distintas generaciones de oyentes, especialmente con quienes encontraban en el bolero una forma de expresar experiencias íntimas y sentimientos difíciles de decir de otro modo.

Durante su etapa como solista, uno de los espacios más importantes de su carrera fue la Casa del Bolero Dos Gardenias, en La Habana. Manolo del Valle formó parte de su catálogo artístico desde la fundación del establecimiento y mantuvo allí una presencia sostenida, vinculada a uno de los escenarios especializados en la canción romántica cubana.

Su relación con Dos Gardenias confirmó que su trayectoria no dependía únicamente del recuerdo de sus años en la Original de Manzanillo. Del Valle continuó trabajando, actuando y encontrándose con nuevas audiencias en espacios dedicados a preservar la tradición del bolero. También participó en festivales, realizó giras internacionales y se presentó en importantes centros nocturnos del país.

Su voz quedó recogida en producciones discográficas vinculadas al catálogo de la EGREM, entre ellas recopilaciones como Boleros de Oro y El gran tesoro de la música cubana. Estas grabaciones lo sitúan dentro de una tradición interpretativa que atravesó distintas generaciones y transformaciones de la industria musical cubana.

La trayectoria de Manolo del Valle se desarrolló, además, en el marco de una historia más amplia. Nacido en Cuba a finales del siglo XIX, el bolero se convirtió en una de las principales formas de expresión de la canción amorosa y se extendió posteriormente por toda América Latina. A lo largo del tiempo convivió con géneros como el son, el fílin y la balada, adaptándose a nuevos públicos y contextos sin perder su esencia.

En 2023, la práctica del bolero en Cuba y México fue inscrita por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Este reconocimiento ayuda a comprender la importancia de intérpretes como Manolo del Valle, quienes dedicaron buena parte de su vida a mantener activo el repertorio romántico cubano y a transmitirlo a nuevas generaciones.

Su contribución no se mide únicamente por la fama internacional o por el número de grabaciones. También está presente en sus años de trabajo sobre los escenarios, en su relación con el público y en su participación en espacios e instituciones que mantuvieron viva la tradición del bolero.

Manolo del Valle falleció el 11 de octubre de 2026, a los 84 años. La noticia fue comunicada y lamentada por la Original de Manzanillo, agrupación con la que compartió una parte esencial de su vida artística.

Sin embargo, su historia no termina en esa despedida. Comenzó en los clubes de Manzanillo, continuó entre tríos y orquestas, alcanzó una dimensión nacional con la Original y encontró en el bolero su principal territorio expresivo. A través de ese recorrido, Del Valle formó parte de una generación de cantantes que contribuyó a preservar la canción romántica dentro y fuera de los escenarios bailables.

Volver a escuchar sus interpretaciones es también una manera de recorrer varias décadas de la música cubana: desde la tradición de los tríos hasta las orquestas populares y las casas dedicadas al bolero. En cada una de esas etapas permanece la voz de un cantante que convirtió la emoción de las canciones en una forma de memoria musical.

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