A mediados de la década de 1990, en un momento complejo para la cultura cubana y para la propia industria musical de la isla, surgió una historia que marcaría un antes y un después en la manera en que el mundo miraba hacia la música tradicional cubana. Esa historia se llama Buena Vista Social Club, un proyecto que no solo rescató sonidos y músicos que parecían relegados al pasado, sino que los convirtió en símbolo universal de identidad y memoria sonora.
La idea nació en 1996, cuando el guitarrista y productor estadounidense Ry Cooder viajó a La Habana con la intención de grabar un disco centrado en el son tradicional cubano. El proyecto tomó forma gracias al trabajo del músico y productor cubano Juan de Marcos González, profundo conocedor de la música tradicional de la isla, quien ayudó a reunir a varios intérpretes legendarios.
Entre ellos estaban figuras como Compay Segundo, Ibrahim Ferrer, Rubén González, Eliades Ochoa, Manuel “Guajiro” Mirabal y, por supuesto, Omara Portuondo, reconocida desde los años 50 por su trayectoria con el cuarteto Las D’Aida y por su sólida carrera como solista.
La presencia de Omara fue esencial. Su voz aportó una sensibilidad única al proyecto, especialmente en temas como “Veinte Años”, que se convirtió en uno de los momentos más memorables del disco. Ella representaba elegancia, historia y continuidad dentro de la música cubana.
El álbum fue grabado en los estudios EGREM de La Habana en apenas unos días y publicado en 1997. Lo que comenzó como una grabación casi íntima terminó convirtiéndose en un fenómeno internacional. El éxito fue amplificado por el documental dirigido por Wim Wenders, que mostró al mundo no solo la música, sino también la humanidad de estos artistas.
Buena Vista Social Club no fue simplemente un grupo musical; fue un rescate cultural. Revivió carreras, llevó a músicos veteranos a escenarios internacionales y volvió a colocar el son cubano en el mapa mundial. Fue un puente entre generaciones y una reafirmación de que la tradición, cuando es auténtica, nunca pasa de moda.
Más que un disco, fue un acto de memoria. Y dentro de esa memoria, la voz de Omara Portuondo sigue siendo uno de sus símbolos más poderosos.
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