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Tres cineastas cubanas llevan historias de desigualdad, migración y violencia de género al Festival de Cine Invisible de Bilbao

Marilyn Solaya, Ana Alpízar y Lucía Travieso participan con tres películas en la XVIII edición del Festival Internacional de Cine Invisible Film Sozialak, que se celebra del 15 al 22 de octubre de 2026 en el País Vasco. Sus obras abordan algunas de las realidades más complejas de la sociedad cubana contemporánea.

El cine cubano vuelve a encontrar un espacio de visibilidad internacional, esta vez a través de tres realizadoras de distintas generaciones que comparten una preocupación esencial: contar historias humanas que muchas veces permanecen fuera de los grandes relatos. Marilyn Solaya, Ana Alpízar y Lucía Travieso forman parte de la selección oficial del XVIII Festival Internacional de Cine Invisible Film Sozialak de Bilbao, un encuentro cinematográfico que, desde 2009, apuesta por películas comprometidas con los derechos humanos, la equidad de género, la sostenibilidad y la transformación social.

La edición de este año reúne 68 películas de 27 países, con una participación femenina que alcanza el 56 % de las obras seleccionadas. Las tres propuestas cubanas compiten en categorías diferentes: Estrés, de Marilyn Solaya, participa en Sostenibilidad, mientras que Norheimsund, de Ana Alpízar, y Deforman, de Lucía Travieso, lo hacen en Equidad de Género.

Estrés: la supervivencia cotidiana en la Cuba contemporánea

La cineasta Marilyn Solaya regresa al festival con Estrés, un largometraje coral que entrelaza seis historias situadas en La Habana actual. A través de personajes enfrentados a situaciones de enfermedad, pobreza, desarraigo y dificultades familiares, la película construye un retrato de las tensiones que atraviesan la vida cotidiana de numerosos cubanos. La obra aborda también los cuidados, los vínculos afectivos y la capacidad de las personas para sostenerse mutuamente en circunstancias adversas.

Su reparto incluye reconocidos intérpretes como Luis Alberto García, Isabel Santos, María Isabel Díaz, Héctor Noas, Aramís Delgado e Iyaima Martínez. La película llega a las pantallas después de un proceso de producción y distribución especialmente prolongado, iniciado aproximadamente una década atrás.

Solaya mantiene una relación significativa con el Festival de Cine Invisible. En 2011 obtuvo una mención especial por En el cuerpo equivocado; en 2015 recibió el Premio del Público por Vestido de novia, y en 2019 ganó el premio Film Sozialak con En busca de un espacio. El 18 de octubre, Estrés fue programada en el Museo Guggenheim Bilbao, con un coloquio posterior entre la directora y J. Carlos Vázquez, responsable del festival.

Norheimsund: emigrar como promesa y como sacrificio

La directora Ana Alpízar participa con Norheimsund, un cortometraje de ficción de 12 minutos que explora las consecuencias emocionales y materiales del deseo de abandonar Cuba. La historia se desarrolla alrededor de una madre y su hija, para quienes la emigración aparece como una posibilidad de escapar de las dificultades económicas y sociales. El título hace referencia a una localidad noruega, convertida en símbolo de un destino lejano que representa la esperanza de una vida diferente.

Sin embargo, la película plantea una pregunta incómoda: ¿qué precio puede llegar a pagar una persona cuando emigrar parece la única salida? El relato aborda la vulnerabilidad de las mujeres y las relaciones de poder que pueden surgir en contextos de precariedad y desesperación.

Alpízar, formada en instituciones cinematográficas cubanas como la Universidad de las Artes y la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, ha desarrollado una trayectoria internacional que incluye participaciones en Sundance y otros festivales. Norheimsund llegó además a la sección Orizzonti del Festival Internacional de Cine de Venecia en 2025, un antecedente que refuerza el recorrido internacional de esta producción.

Deforman: la violencia de género contada desde la adolescencia

Una de las presencias más singulares de esta edición es la de Lucía Travieso, realizadora de Deforman, un cortometraje de ficción creado cuando tenía apenas 13 años. La película narra el recorrido de una adolescente que, tras salir de casa para encontrarse con una amiga, sufre el acoso de un grupo de muchachos. La situación escala hasta una agresión física no consentida, antes de que intervenga su compañera.

Lo que distingue a Deforman no es solamente su temática, sino la perspectiva desde la que está contada. Lucía Travieso escribió el guion, dirigió y editó el cortometraje, trabajando con compañeros de su escuela secundaria como intérpretes y equipo de producción. Su participación ofrece una mirada sobre la violencia y el acoso que no procede de una reconstrucción adulta de la adolescencia, sino de una creadora que conoce esa etapa desde su propia experiencia generacional.

La presencia de una directora tan joven en un festival internacional dedicado al cine social también amplía la conversación sobre quiénes pueden contar estas historias y desde qué edades es posible construir una voz cinematográfica propia.

Tres generaciones, tres formas de mirar Cuba

Aunque las películas son diferentes en duración, estilo y experiencia de sus directoras, existe un vínculo entre ellas: las tres se acercan a situaciones donde las condiciones sociales afectan directamente la vida de las personas. Estrés observa la supervivencia cotidiana y las redes de cuidado; Norheimsund examina la emigración y la vulnerabilidad femenina; Deforman denuncia el acoso y la violencia desde una perspectiva adolescente. Esta coincidencia no significa que las cineastas compartan un mismo lenguaje artístico, sino que sus obras dialogan con preocupaciones presentes en la sociedad cubana y en muchos otros lugares del mundo.

El Festival Internacional de Cine Invisible resulta un escenario especialmente apropiado para estas propuestas. Su objetivo no es únicamente exhibir películas, sino generar reflexión pública sobre realidades que suelen recibir una atención insuficiente. La participación de las tres realizadoras también evidencia la diversidad generacional del cine cubano hecho por mujeres: desde la trayectoria consolidada de Marilyn Solaya hasta la experiencia internacional de Ana Alpízar y la aparición de nuevas voces como Lucía Travieso.

Más allá de los resultados del certamen, la selección de estas tres películas constituye una oportunidad para que historias nacidas de la realidad cubana circulen ante públicos internacionales. Tres directoras, tres obras y una certeza: el cine también puede ser un espacio para hacer visibles las experiencias que demasiadas veces permanecen en silencio.

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