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La raíz que cruza fronteras: el Conjunto Folklórico Nacional de Cuba en el Festival de Danzas Negras

En medio de uno de los momentos más complejos que atraviesa Cuba, el arte de la Isla continúa buscando caminos para viajar, dialogar con otras culturas y llegar a nuevos públicos. Esa voluntad de permanecer en movimiento quedó reflejada en la participación del Conjunto Folklórico Nacional de Cuba en la segunda edición del Festival de Danzas Negras: Reflexiones Afrocaribeñas, celebrado en México.

La agrupación cubana inauguró el encuentro en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes con La raíz y el tiempo, un espectáculo dirigido por Leiván García que reunió cantos, música y danzas vinculadas a las tradiciones de origen africano presentes en la identidad cubana. La presentación no fue únicamente una exhibición escénica, sino una demostración de que estas expresiones no pertenecen a un pasado detenido. Continúan transformándose, transmitiéndose entre generaciones y encontrando nuevas formas de relacionarse con el presente.

El Festival de Danzas Negras reúne compañías, artistas, investigadores y comunidades de distintos países de América Latina y el Caribe. A través de espectáculos, talleres, conferencias y encuentros formativos, su programación busca reconocer la influencia de la matriz africana en las culturas de la región y crear un espacio donde las danzas negras puedan ser observadas no como expresiones periféricas, sino como parte esencial de nuestras identidades.

Dentro de ese contexto, la presencia del Conjunto Folklórico Nacional de Cuba adquiere un significado especial. La cultura cubana no puede comprenderse sin la herencia africana que atraviesa su música, sus bailes, su religiosidad, su lenguaje corporal y una parte fundamental de su vida cotidiana. Cuando la agrupación lleva estas expresiones a un escenario internacional, no presenta una imagen folclórica congelada de la Isla, sino una cultura viva, compleja y en constante evolución.

Al finalizar la función inaugural, Leiván García entregó a Alonso Alarcón, coordinador nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura de México, el Oché, símbolo de identidad del conjunto. El gesto representó mucho más que un intercambio protocolario: fue una manera de compartir un emblema cargado de memoria dentro de un encuentro dedicado precisamente a reconocer las conexiones culturales entre los pueblos afrodescendientes.

La participación cubana también se extendió más allá del escenario. Integrantes de la agrupación impartieron un taller sobre danzas pertenecientes a la Regla de Osha-Ifá, con especial atención a las expresiones vinculadas a Yemayá. De este modo, el festival no solo mostró el resultado artístico de años de investigación, sino también los conocimientos, códigos gestuales y saberes espirituales que sostienen esas danzas y que han sido transmitidos de generación en generación.

Fundado en 1962, el Conjunto Folklórico Nacional de Cuba ha desarrollado durante más de seis décadas una labor de investigación, preservación y representación escénica del patrimonio músico-danzario del país. Su trabajo no consiste simplemente en reproducir bailes antiguos, sino en estudiar sus contextos, comprender su significado y trasladarlos al escenario sin desprenderlos de la historia y de las comunidades que los originaron.

Su reciente reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación confirma el valor de esa trayectoria. Lo que viajó a México no fue solamente una compañía profesional, sino una parte esencial de la memoria cultural cubana.

Esta participación ocurre, además, en un momento marcado por profundas dificultades económicas, energéticas y materiales en la Isla. Mantener una agrupación artística activa, garantizar sus ensayos, conservar sus repertorios, formar nuevas generaciones y hacer posible su presencia en escenarios internacionales exige hoy un esfuerzo enorme.

Sin embargo, resulta importante no romantizar la precariedad. La capacidad de los artistas para continuar creando en circunstancias adversas merece reconocimiento, pero no debería utilizarse para normalizar la falta de recursos. El arte cubano necesita condiciones dignas de trabajo, financiación, movilidad, promoción y oportunidades reales para desarrollarse.

La resistencia cultural no debe convertirse en una obligación permanente. Aun así, demuestra que, incluso cuando las circunstancias intentan limitar el movimiento, el arte continúa encontrando grietas por las que avanzar.

La presencia del Conjunto Folklórico Nacional en el Festival de Danzas Negras muestra que expandirse no significa únicamente alcanzar nuevos escenarios. También significa compartir conocimientos, establecer vínculos y reconocer que las tradiciones afrocaribeñas forman parte de una historia común que supera las fronteras nacionales.

En México, la danza cubana dialogó con expresiones afromexicanas y con propuestas procedentes de otros territorios del Caribe y América Latina. En ese intercambio reside una de las mayores fortalezas de nuestra cultura: su capacidad para conservar sus raíces sin quedar atrapada en ellas.

El cuerpo se convierte entonces en archivo. El tambor, en lenguaje. La danza, en una forma de memoria capaz de viajar sin necesidad de traducción.

Y mientras estas expresiones puedan continuar enseñándose, compartiéndose y encontrando nuevos públicos, el arte cubano seguirá expandiéndose. No porque las dificultades hayan desaparecido, sino porque sus creadores continúan defendiendo el derecho de nuestra cultura a permanecer viva, en movimiento y conectada con el mundo.

TUNTURUNTU