¡Abran paso, llegó una reina!

Por: Zara Conde

12 de Marzo 2020

Cuba es un nombre hembra. Es una isla que huele y sabe a mujer. Es mestiza, dada y discreta a la vez. Es diferente. Así como cada una de las grandes que han dejado su nombre en la historia de la mayor de Las Antillas. Y si en algún lugar no faltaron mujeres -no faltan hoy-, fue en la música cubana.

Más de una ha sacudido el panorama sonoro nacional, latino y hasta mundial, pero hay peldaños donde solo algunas tienen derecho. Más que divas, existieron “reinas”, que a golpe de sabor y talento marcaron una época y cada uno de los escenarios que las recibió. 

 

Podríamos hablar de la alegría y el desenfado de La Lupe, del inigualable “Azúcaaaaaar” de Celia Cruz, de la cubanía indescriptible de Celina González, la elegancia siempre de Olga Guillot, la valentía de Celeste Mendoza o el extraordinario timbre de Elena Burke… Habría para horas, desentrañando a estas mujeronas, que a fuerza de corazón y empuje, también de lágrimas seguramente, conquistaron un lugar indiscutible en la melodía de una tierra singular. 

Nacidas entre Santiago y La Habana, entre 1920 y 1940, emigradas las más, cubanas hasta la raíz y sus últimos días todas eso sí, estas gigantes decidieron sus destinos, o al menos, lucharon por ello. Volcanes en erupción cada una a su manera, con seudónimos que bien le valían su personalidad, fueron conocidas como “la reina del latin soul, “la reina de la salsa” o “la reina del feeling”. También hubo una “reina del punto cubano” y una “reina del Bolero”. Y qué decir de una “reina del guaguancó”, cuando en la isla solo los hombres se atrevían a tocar los tambores.

Mucho ha llovido desde entonces…pero la cosecha dio frutos. Hoy la escena musical cubana se comparte y define en buena medida por una sonrisa pícara de mujer y un talento heredado. No fue en vano el sacrificio de aquellas que se arriesgaron a ser diferentes, y pusieron la pasión al arte, antes que las miradas inquisidoras. 

 

Pero a las reinas lo que son de ellas… Basta escuchar temas como “Puro teatro” “Qué te pedí” “Échame a mí la culpa” “Ámame como soy” “Que viva changó” o “Yo soy el punto cubano” para saber que hablamos de las grandes. Un siglo después alcanza con solo un tono de sus voces para saber que estas mujeres estaban hechas con la sustancia con que se amasa una estrella.