La sustancia con la que se amasa una estrella

Por Sara Sánchez

Subió regia, como lo hacen las divas. Su paso lento y continuo desde hace unos años no eradesconocido para esa sala. No es desconocido para casi ninguna del mundo. Ella no mira al suelo cuidando de tropezar porque ella levita. Fija al auditorio, ese que se deshace envítores infinitos cuando el preludio le anuncia. Más copada que nunca quizás, la sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba la volvió a recibir ese enero del 2020… Había quien estaba por el puro placer de verla.Había quien estaba por el morbo de no perderse lo que pudiera ser perfectamente su última presentación multitudinaria. Habían tal vez hasta alguien repleto de maldad esperando un desliz para luego argumentar que “ya es demasiado”. Pero había otros, habíamos, los más, que estaban, estábamos, por amor. La novia del feeling ha procurado a lo largo de décadas que se desate ese sentir por ella. Y es que Omara Portuondo a sus 90 años sigue demostrando que está hecha de la sustancia con la que se amasan las estrellas.

Ese Jazz Plaza, su casa habitual ya desde hace mucho volvió a traernos a esa Omara que con el pasar de los años, que si bien no pasan en vano, parecen sumarle afectos. Le gusta…le encanta que la mimen, que la encuentren sata (como siempre fue desde que entró a la música), que le quieran y piropeen. Porque ella sigue siendo la Diva del Buena Vista Social Club… No por gusto esa misma noche de jazz el también extraordinario músico, y director artístico de sus últimas giras mundiales, Roberto Fonseca la presentaba: “La más sexy, la más caliente, la inigualable, la única, la original de Cuba…¡La señorita Omara Portuondo!… Y ella se deshacía en sonrisas…se iluminaba, andaba más ligerita.

En solo unas horas ella, la misma que no pierde la fuerza de la voz, y con tanto camino no desafina, la que mantiene los agudos en su punto y mira atravesado si en un ensayo se desentona alguien, la que tiene claro que en sus teatros (porque en mérito lo son) nadie sube más el tono que ella…como eso de “en mi casa mando yo” … cumple 90 años. Nueve décadas, casi un siglo…

Pero el mayor mérito no es vivir todo eso, sino vivir como ella lo ha hecho. Su nombre rueda en más de un centenar de discografías de todo el mundo, y una treintena de fonogramas recogen su amplísima carrera…una carrera de casi 75 años, donde no cejó en el empeño de consolidar a la música cubana y a ella en su esencia más pura, como valores indispensables de una Cuba que vibra de orgullo al referenciar su nombre entre las glorias de su cultura legítima e imperecedera.  

En hora buena, llegue este día donde tenemos aún por suerte la compañía imperdible de la Diva… de la que no cree en derrotas, de la que siente cada palabra de esos bolerones que desgarran el alma en su voz… “Si llego a besarte”, “Veinte años”, “Dos gardenias” … o esta otra que dice:

“Aunque tú

Me has dejado en el abandono

Aunque tú

Has muerto todas mis ilusiones

En vez de maldecirte con justo encono

En mis sueños te colmo

En mis sueños te colmo

De bendiciones…”


Porque señores, “Lágrimas negras”, en la voz de Omara, es “Lágrimas negras” … y lo demás es bobería, como dicen en el campo.

Podríamos estar horas hablando de sus hazañas y recorridos artísticos como las cientos de webs que recogen su trayectoria y giras (siempre con el aquello que podría ser la última) o también confiar que tendremos Omara para rato. Yo prefiero confiar, estar en el bando de los que saltamos de alegría y a la vez estamos muy quietos cuando canta…porque ella, inevitablemente sigue demostrando que está hecha de la sustancia con la que se amasan las estrellas. Y ese es un espectáculo que no nos podemos dar el lujo de perder.